Viernes 14 de Julio, 2017
Un desafío perentorio

Iglesia en La Serena asume Pastoral con los Migrantes

 


En entrevista Arzobispo de La Serena destacó importancia de acoger a las personas provenientes de otras latitudes, tanto en el orden social como eclesial.

En dos asambleas eclesiales realizadas el año 2014, la Arquidiócesis de La Serena definió sus Orientaciones Pastorales  2015-2022, que fueron aprobadas y promulgadas por el Arzobispo René Rebolledo el 12 de junio de 2015. Un gran número de laicos, representando a las parroquias, movimientos apostólicos y nuevas comunidades, junto a los sacerdotes y diáconos, como también religiosas, religiosos y seminaristas, concordaron trabajar en torno a cuatro prioridades que se deben promover con decisión y audacia: la familia, el medio ambiente, las vocaciones y la Pastoral con los Migrantes. En relación a esta última, el Pastor Arquidiocesano aborda en esta entrevista los principales retos que significa para la Iglesia en La Serena acoger a personas procedentes de otras latitudes.

¿Qué motiva a la Arquidiócesis un acercamiento a los migrantes?

La población de migrantes es un hecho, va en aumento en nuestra región, como también en otros sectores del país. Estamos llamados a acogerles y acompañarles como hermanos y hermanas. El mismo Jesús vivió con María y José la experiencia de la migración. La Iglesia es una familia que no conoce fronteras; somos un pueblo peregrino. Nuestro país es bello, el Señor lo ha enriquecido en múltiples formas. Sin embargo, no debemos olvidar que no es la patria definitiva, todos somos peregrinos en camino a la celestial.

¿Cómo ha inspirado el ejemplo del Papa Francisco esta prioridad pastoral?

El Santo Padre Francisco en su testimonio personal, en su enseñanza, en los documentos, nos ha dado un ejemplo extraordinario de cómo se acoge y se sirve a los hermanos migrantes. Por otra parte, los obispos latinoamericanos, en el Documento de Aparecida que fija los grandes criterios pastorales en nuestro continente, nos han desafiado a asumir “proféticamente esta pastoral específica con la dinámica de unir criterios y acciones que ayuden a una permanente atención a los migrantes, que deben llegar a ser discípulos misioneros” (DA n. 412).

¿En qué forma se busca organizar esta pastoral?

Estimo que debemos dar prioridad a una toma de conciencia acerca de la presencia de los migrantes en nuestros pueblos y ciudades, como también al imperativo de acercarnos a ellos, invitarlos a nuestras comunidades, compartir fraternalmente sus gozos, problemas y dificultades. Corresponde a la Vicaría de Pastoral Arquidiocesana profundizar en los objetivos señalados en las prioridades pastorales para concretar el anhelo manifestado por laicos y consagrados en las asambleas eclesiales sobre la inserción de los migrantes en las comunidades.

¿Cuáles son esos objetivos?

Ante todo, debemos promover la Pastoral del Migrante que en su definición es muy amplia. No obstante, las acciones pueden ser bien concretas y diversas. Por ejemplo, favorecer espacios de acogida, especialmente para quienes han llegado recientemente; integrarlos a la vida comunitaria, respetando sus tradiciones, modos de ser, expresiones culturales, entre otros. Por otra parte, es posible gestionar redes de apoyo que favorezcan instancias de interacción a todo nivel, especialmente en el intercambio de experiencias que pueden ser enriquecedoras para todos.

Además, nos debe interesar fortalecer una pastoral sistemática y permanente que acompañe íntegramente a los migrantes. Para ello será necesario sumar fuerzas con otras instituciones sociales y estatales. De gran importancia en este sentido son las comunidades educativas: a los niños y jóvenes debemos desafiar a ser acogedores con los migrantes, que aprendan a respetarlos y a tratarlos como hermanos. ¡El encuentro de las culturas es siempre un gran enriquecimiento!

Ha habido expresiones contrarias en relación a la presencia numerosa de migrantes en nuestro país. ¿Qué reacción le merece?

Todos estamos llamados a respetar las leyes del Estado, también en estos aspectos. Sin embargo, la Palabra del Señor es clara y también lo son las orientaciones de la Iglesia. Por ello, desde la fe que compartimos con gran parte de los migrantes, nos corresponde favorecer condiciones para que ellos se sientan acogidos en su dignidad como hijos de Dios y miembros de la Iglesia, como vecinos con iguales derechos, que aspiran a un desarrollo humano, intelectual y espiritual. No debemos olvidar tampoco que muchos de nuestros compatriotas, familiares y amigos, en circunstancias complejas, fueron acogidos en otros países y tratados con dignidad. Estoy cierto que nadie olvidará el bien recibido en un país que no le vio nacer, pero que su gente supo integrarlos, como a uno de los suyos. En verdad, en esto también se verifica el más genuino espíritu cristiano. ¿No es verdad que es bello sentirse hijos de una gran familia que no conoce fronteras? Hagamos honor a una de nuestras canciones tradicionales “y verás como quieren en Chile, al amigo cuando es forastero”.

¿Un mensaje a la Arquidiócesis para profundizar en esta pastoral?

Me permito volver sobre expresiones ya dichas. La presencia de los extranjeros en nuestras tierras no es un problema, sino un don. El Santo Padre Benedicto XVI se expresó sobre ello: “la realidad de las migraciones no se ha de ver nunca sólo como un problema, sino también y sobre todo como un gran recurso para el camino de la humanidad” (Benedicto XVI, Alocución, Angelus, 14 de enero de 2007).

¡Construyamos con ellos la gran familia de los hijos de Dios!



    
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