Martes 30 de Abril, 2019

Reflexión en el Día del Trabajador y de la Trabajadora

 


Arzobispo René Rebolledo envió su saludo en vísperas de la conmemoración de este 1° de mayo.

1 de Mayo

DÍA DEL TRABAJADOR Y DE LA TRABAJADORA 

Por René Rebolledo Salinas, Arzobispo de La Serena

En esta conmemoración anual del Día Internacional de los Trabajadores saludo cordial y respetuosamente a las trabajadoras y trabajadores de nuestra región. Les deseo la alegría del tiempo pascual que estamos celebrando en la Iglesia. La paz que ofrece el Señor resucitado, a los apóstoles en su tiempo y hoy a nosotros, acompañe a sus queridas familias y esté presente en sus lugares de trabajo, como también en sus barrios y en todos aquellos lugares donde desarrollan su vocación, ganando el sustento propio y el de los suyos.

En nuestro país, como en gran parte del mundo, la mención de esta fecha hace rememorar la larga lucha desarrollada a lo largo de los siglos XIX y XX, como consecuencia de la desigualdad social producida por la distribución de la riqueza generada a partir de la Revolución Industrial en Europa, a fines del siglo XVIII, y en Estados Unidos, algo posterior.

Afrontando estas crisis sociales, el Papa León XIII publicó el 15 de mayo de 1891 la Encíclica Rerum Novarum. En ella examina la situación de los trabajadores asalariados, en especial los de la industria, afligidos por una gran miseria. Se inicia de este modo una serie de documentos pontificios de los papas Pío XI, Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II. En numerosas intervenciones de los Papas Benedicto XVI y Francisco está presente también el mundo del trabajo y de los trabajadores. Se debe mención especial a la Constitución Pastoral del Concilio Vaticano II Gaudium et Spes, publicada el 7 de diciembre de 1965.

La trayectoria doctrinal de la Iglesia es continuadora del pensamiento bíblico, presente en el Antiguo Testamento con la Ley Mosaica, abundante en los profetas con la férrea defensa de los marginados de las riquezas. Nuestro Señor Jesucristo perfecciona y esclarece tales conceptos. Su palabra es transcrita y comentada en numerosos pasajes del Nuevo Testamento. Seguidamente, en los inicios del cristianismo, particularmente en el pensamiento patrístico, no es menor la crítica a la inequidad y al egoísmo de quienes más poseen.

Esta línea de pensamiento, como he puesto en evidencia, encuentra un punto culminante en la Constitución del Concilio Vaticano II Gaudium et Spes y en lo que actualmente se denomina Doctrina Social de la Iglesia. Hace algún tiempo, el entonces cardenal alemán Joseph Ratzinger, actualmente papa emérito Benedicto XVI, resume magistralmente tal Doctrina, al referirse de este modo a las encíclicas sociales de san Juan Pablo II: “Él destaca la preponderancia del hombre sobre los medios de producción, la preponderancia del trabajo en relación con el capital y la preponderancia de la ética por encima de la técnica. En el centro se encuentra la dignidad del hombre, que siempre es un fin y jamás un medio, a partir de lo cual se aclaran las grandes cuestiones de actualidad de la problemática social en contraposición crítica tanto con el marxismo como con el liberalismo” (Exposición del Cardenal Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe en el Congreso de homenaje a los 25 años del Pontificado de Juan Pablo II, realizado en la Pontificia Universidad Lateranense entre los días 7 y 9 de mayo de 2008).

Por ello, esta jornada del 1 de mayo, es la ocasión propicia para manifestar variados sentimientos. Ante todo, gratitud a Dios que nos ha llamado a proseguir su obra creadora, asumiendo nuestra misión en un trabajo específico y concreto en vista del bien común. De este modo construimos, paso a paso, una sociedad según los principios éticos y morales del Evangelio, particularmente aquellos que brotan del encuentro con Cristo. Efectivamente, para los discípulos misioneros del Señor, trabajadores y empresarios, la aspiración a una sociedad justa, a relaciones recíprocas en paz y corresponsabilidad, son desafíos que se debe promover y jamás eludir.

Es deseable, por tanto, que realicemos en nuestras comunidades, particularmente en este día, una reflexión profunda acerca del aporte fundamental de la Doctrina Social de la Iglesia en relación al trabajo. Sin duda, encontraremos en ella inspiración para afrontar los acuciantes problemas del trabajo humano en la cultura actual. No olvidemos reflexionar acerca del desempleo que afecta a no pocos hermanos, particularmente a los jóvenes y a las mujeres. Es de interés común una revisión periódica acerca del respeto al domingo como jornada dedicada al culto a Dios, particularmente a la celebración de la santa Eucaristía, al descanso y al compartir en familia. Una memoria agradecida por la oportunidad de una fuente laboral estable, junto a estos otros valores mencionados en esta reflexión, acompañe la celebración del Día del Trabajador y la Trabajadora que el Señor nos permite celebrar en el presente año.



    
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