Domingo 05 de Mayo, 2019

Comunidad de La Serena agradece servicio y misión de Agustinos Recoletos en la zona

 


Además, en la celebración eucarística se dio la bienvenida a la Orden de San Agustín, quienes asumirán el servicio en céntrica Iglesia de la capital regional.

Unidos como hermanos en Cristo, la mañana de este domingo 5 de mayo numerosos fieles llegaron hasta la Iglesia San Agustín de La Serena, ubicada en pleno centro de la ciudad colonial, con motivo de participar de la Eucaristía que presidió el Arzobispo René Rebolledo y en la cual se dio gracias a Dios por el servicio y la entrega de la Orden de Agustinos Recoletos, quienes se despiden de la Arquidiócesis tras servir por más de 17 años en el Convento “Ntra. Sra. de la Consolación” y la Iglesia aledaña, como también por más de 15 años en la parroquia “San Isidro” de la capital regional.

En la ocasión, además, se dio la bienvenida a la Orden de San Agustín, quienes tras 18 años regresan a la zona para acompañar pastoralmente a los fieles que participan habitualmente de las celebraciones y actividades que se realizan en el templo ubicado en calle Prat con Cienfuegos.

El P. Enrique Catalán, Prior Provincial de la congregación en Chile, manifestó que “para nosotros es una alegría volver a este lugar. Es una comunidad que queremos mucho. Es una ciudad que forma parte de nuestra historia. Nosotros regresamos con el objetivo de servir y queremos hacerlo en comunión con la Iglesia arquidiocesana, desde la identidad agustiniana que nos identifica y que es principalmente comunitaria, junto con el legado de San Agustín en su contribución a la Iglesia y que humildemente queremos aportar nosotros también”.

Nos marchamos “Contentos, Señor, contentos”

Previo a su despedida, conversamos con el Fr. Albeiro Arenas, Prior Provincial de la Provincia Ntra. Sra. de la Candelaria de la Orden de Agustinos Recoletos, a la cual pertenecía la comunidad que realizaba su servicio pastoral en La Serena.

Padre Albeiro, ¿cómo ha sido la experiencia para la congregación servir en La Serena?

La Orden de Agustinos Recoletos ha servido en muchos lugares a lo largo y ancho del mundo católico, siempre abierta a crecer y a compartir la fe con los hermanos que Dios pone en nuestro camino. La experiencia en la Arquidiócesis de La Serena ha sido totalmente enriquecedora, pues desde el principio nos abrieron las puertas para desarrollar nuestra labor evangelizadora en la Iglesia de San Agustín y en la parroquia San Isidro; son muchas las vivencias y buenas anécdotas que nos llevamos luego de un poco más de 17 años de trabajo en la zona.

Ha sido una experiencia muy valiosa en el sentido religioso, por la atención a los fieles en el templo de San Agustín, sobre todo las confesiones, dirección espiritual y acompañamiento a un grupo de enfermos y adultos mayores. También en lo apostólico con la parroquia San Isidro fue una experiencia muy gratificante, desde todo punto de vista pues nos acercamos mucho a la realidad del lugar y de la Arquidiócesis.

¿Cómo fue evolucionando, año tras año, la misión encomendada?

En un primer momento la Orden llegó con cuatro religiosos a servir en la Diócesis de Talca, al sur de Chile. Allí se atendía la parroquia San Luis Gonzaga con sus numerosas capillas. Luego de un par de años, se presentó la posibilidad de llegar a La Serena para atender el templo San Agustín y, por petición de Mons. Manuel Donoso, Arzobispo de aquel entonces, se aceptó la parroquia San Isidro. Además de la labor parroquial, se realizaron algunas capellanías en distintos colegios de la ciudad, incluyendo el hogar de la Fundación Las Rosas, que está ubicado en la jurisdicción de la parroquia. Estimo que fue muy positivo nuestro crecimiento espiritual, comunitario y apostólico.

¿Qué aspectos destacaría de este período misionero en la Arquidiócesis?

Lo primero el aspecto humano. En todos los ministerios encontramos personas de bien, comprometidas con su fe católica en los diversos movimientos cristianos. Fueron muchas las personas que nos dieron la mano y apoyaron con sus carismas personales, tanto en las necesidades pastorales de la Iglesia San Agustín, como en la parroquia San Isidro.

Otro aspecto a destacar es la capacidad organizativa en la ayuda al necesitado, canalizando el espíritu solidario del serenense. Cuando se presentaban las calamidades o se requería atender una necesidad en concreto, brilló la organización para dar la mano con prontitud.

La promoción del laicado es notoria en La Serena, son muchos los ministerios liderados por personas que aman la Iglesia y que nos hicieron recordar y ver la riqueza con que Dios adorna a sus hijos, que se vislumbra en el trabajo en equipo con varias comunidades parroquiales y religiosas. Además de fomentar el culto eucarístico, penitencial y mariano en la advocación de Nuestra Señora del Carmen que reposa en el templo que atendíamos. Asimismo, conocer y enriquecernos con las experiencias pastorales vividas en la Arquidiócesis.

¿Cuál es el legado que deja la congregación a la comunidad católica de la zona y, a la vez, qué frutos se llevan ustedes de los feligreses que guiaron pastoralmente? 

En el carisma de la Orden de Agustinos Recoletos sobresale la vida fraterna y en los distintos ministerios que atendimos no fueron ajenos a este querer. Nos esforzamos en dar a conocer la enseñanza de San Agustín, la riqueza de los santos agustinianos y, por supuesto, algo de nuestra cultura colombiana.

Cada uno de los religiosos trató de dar lo mejor de sí mismos a las comunidades, tanto en el amor por la Eucaristía, la penitencia sacramental, el cultivo de valores en la fe personal, familiar y comunitaria de varios hogares y comunidades, como también en el desprendimiento de nuestra realidad colombiana para inculturarnos con respeto y cariño por Chile.

¿Qué mensaje les gustaría dejar a la comunidad arquidiocesana antes de su partida?

No podemos menos que dar gracias a Dios y al pueblo Chileno por permitirnos vivir esta experiencia tan enriquecedora para los Agustinos Recoletos. Desde el principio nos acogieron y nos hicieron sentir en casa, facilitando la labor ministerial y la vivencia del carisma propio.

Nos marchamos, como decía San Alberto Hurtado, "Contentos, Señor, contentos" por haber servido a Dios y a la Iglesia en este país, particularmente a la Arquidiócesis de La Serena. También con la certeza de haber realizado lo que teníamos que hacer como servidores inútiles que somos. Muy agradecidos con todos y cada uno de ustedes, obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas y, muy especialmente, con los laicos que nos enseñaron mucho y nos tuvieron mucha paciencia.

 

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