Domingo 12 de Mayo, 2019

En la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y Día de la Madre 2019

 


Invitación del Arzobispo de La Serena a dar gracias a Dios por la propia vocación y a “rogar al Dueño de los campos que envíe trabajadores para la cosecha” (Mt 9, 38).

El domingo 12 de mayo, 4° de Pascua, celebramos dos acontecimientos relevantes, la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y el Día de la Madre.

Ante todo, tengamos presente que ambas motivaciones ocurren en día domingo, día del Señor. Para los católicos que profesamos nuestra fe, el Domingo es mucho más que un día de la semana: es un valor fundamental de nuestra vida en la Iglesia. En efecto, el domingo concentra la celebración más significativa en el discipulado misionero de los bautizados y confirmados: la centralidad de Cristo y su Pascua, convocatoria a la Iglesia como comunidad en asamblea para escuchar la Palabra, participar de la mesa del Cuerpo y Sangre del Señor como también fortalecer la propia vida con el testimonio de fe fraterno y comunitario. La jornada es impregnada por el gozo de la resurrección del Señor, misterio celebrado domingo a domingo. Se destaca también el reposo laboral, que debe procurarse no obstante las circunstancias de hoy, tan distintas en relación al pasado.

El domingo 4° de Pascua celebramos a Cristo bajo el título bíblico del buen Pastor, figura maravillosa presente en el capítulo 10 del Evangelio de Juan. También los textos litúrgicos están relacionados con el mismo tema. Así la oración colecta: que tu rebaño, a pesar de su debilidad, llegue a la gloria que le alcanzó la fortaleza de Jesucristo, su pastor. También la antífona de la comunión: Resucitó el buen Pastor, que dio la vida por sus ovejas y se entregó a la muerte por su rebaño y la oración después de la comunión: Pastor bueno, te pedimos que cuides con solicitud a tu rebaño, y conduzcas hacia las praderas eternas a las ovejas que redimiste con la preciosa sangre de tu Hijo.     

Anualmente celebramos en el 4° domingo de Pascua la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Los invito a dar gracias a Dios por nuestra vida y vocación. Supliquémosle en la oración al Señor nos de la gracia de perseverar hasta la muerte en su servicio. Encomendemos a Cristo buen Pastor a todas las vocaciones: laicas y laicos comprometidos, religiosas y religiosos, diáconos permanentes y sacerdotes.

Al conmemorar hoy también el Día de la Madre, demos gracias a Dios por esta feliz coincidencia. La madre, por vocación, está llamada a colaborar con el Señor acogiendo el don de la vida y custodiándolo. Ella, como preciosa mediación, nos introduce en el camino de la fe y del amor al Señor con su presencia, palabras y testimonio de vida. Ella, junto con enseñarnos a orar para dirigirnos a Dios, ruega con nosotros por nuestra vida y vocación. No son pocas las madres que piden al Señor para sus hijos el don de la vocación consagrada y también sacerdotal. Sabemos que el Señor frecuentemente cumple este anhelo que se le ha manifestado con amor y entrega generosa.  

Los consagrados y sacerdotes nos sumamos al agradecimiento de las comunidades a Dios por nuestras madres. Ellas nos han animado y acompañado en los años de discernimiento vocacional, también en el camino de nuestra formación. Cómo no recordar con emoción aquellos días en que recibimos ministerios, celebraciones en que tuvimos la dicha de ser acompañados por nuestros padres, familiares, amigos y vecinos, también la entera comunidad de procedencia. Con qué unción nuestras madres vivieron aquellos días en que la Iglesia confirmó nuestra vocación otorgándonos el ministerio o recibiendo los votos ante el Altar del Señor.

En el Día de la Madre rogamos al Señor por ellas. El Señor bendiga a todas las madres, especialmente a las que sufren y que no podrán vivir en plenitud este día. El Señor recompense sus grandes sacrificios y entrega generosa. A las madres que el Señor llamó a su presencia,  Él las sabrá recompensar. 

Confiamos a la madre de Jesucristo y Madre nuestra, María Santísima, a todas las madres del mundo. 

Oramos también por las vocaciones, dando cumplimiento al mandato del Señor de “rogar al Dueño de los campos que envíe trabajadores para la cosecha” (Mt 9, 38).

 

+René Rebolledo Salinas

Arzobispo de  La Serena

 



    
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