Jueves 14 de Marzo, 2019

Personal del Arzobispado agradece abnegada labor de Aída Arancibia Román

 


Previo a su despedida en enero pasado, conversamos con quien se desempeñara por más de tres décadas como secretaria en la Arquidiócesis.

Hasta fines de enero del 2019 duró la labor que por más de 30 años prestara la señorita Aída Arancibia Román en el Arzobispado, quien se desempeñó en los cargos de secretaria de la Vicaría de Pastoral, luego en la misma función junto a dos Arzobispos, para finalmente efectuar la labor de secretaria recepcionista. Por tal motivo, sus compañeros de trabajo y comunidad en general le manifestaron gratitud por el servicio sonriente y abnegado que realizó durante gran tiempo a la Iglesia en la zona.

Previo a su despedida, conversamos con ella sobre su camino recorrido y los frutos que le dejan su larga trayectoria sirviendo al Pueblo de Dios que peregrina en la Arquidiócesis.

¿Qué la motivaba a realizar su trabajo siempre con una sonrisa?

Creo que la atención de público siempre ha sido mi fuerte, me gusta trabajar con la gente. Aquello lo aprendí en el tiempo que estuve en Vicaría de Pastoral, que es el trabajo en equipo, lo que ayudó bastante. Por otro lado, siempre vi a la persona que llegaba aquí como alguien de los míos, como un cercano. Lo reflejaba, por ejemplo si era una persona mayor, con mi madre, o a los jóvenes con mis sobrinos.

¿Qué significó para usted trabajar tantos años al alero de la fe?

Cuando llegué a trabajar acá, en abril de 1987, un día después que nos visitara el Papa san Juan Pablo II, me encontraba sirviendo en la Pastoral Juvenil y anteriormente junto a niños y niñas con el movimiento Moani en el sector de la parroquia “San Pedro” de Coquimbo a la cual pertenezco, por lo que traía algo de experiencia pastoral, lo que sin duda me ayudó muchísimo.

¿Qué es lo más grato que le ha tocado vivir durante los años que sirvió en el Arzobispado?

Cada una de las funciones que aquí desarrollé me aportó en mi vida personal. Crecí mucho en diferentes aspectos y obtuve numerosos aprendizajes, como trabajar en grupos, dirigirlos, entre otros.

¿Cuáles son sus sentimientos al finalizar esta labor?

Estoy muy contenta. He concluido una misión, la cual me ha dejado mucha satisfacción alegría y me siento con el deber cumplido. No sé si he dejado huellas en mi paso por aquí, pero sin duda el trabajo ha dejado huellas en mí. Me voy muy agradecida de todos, del personal del Arzobispado, de las autoridades eclesiásticas con las que tuve la fortuna de trabajar, del clero, de la comunidad y de Dios por haberme permitido prestar este servicio.

¿Qué mensaje final le gustaría entregar a la entera comunidad arquidiocesana?

Quisiera agradecer a los sacerdotes por el importante servicio que prestan a la Iglesia en la zona. No sé qué pasaría y no me gustaría imaginar si algún día no hubiese Eucaristía, entonces es un regalo de Dios el servicio que ellos realizan y les diría que sigan adelante, que sean fieles a su vocación. A la comunidad, igualmente, manifestar mi gratitud. He conocido mucha gente, de quienes he recibido harto cariño durante todos estos años. Quisiera decirles, a los católicos, que seamos valientes, que no tengamos temor de defender nuestra fe y que continuemos aportando con nuestra Iglesia.



    
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