Miercoles 26 de Febrero, 2020

Tiempo de Cuaresma

 


En su artículo mensual publicado en el diario El Día, el Arzobispo René Rebolledo Salinas se refirió sobre este especial tiempo camino a la Pascua.

Hoy, miércoles 26 de febrero, celebramos en nuestras parroquias y comunidades, unidos a la Iglesia en el mundo entero el Miércoles de Ceniza. Con el iniciamos la Cuaresma, días de gracia que nos regala el Señor, para intensificar el diálogo con Él, por medio de la oración, haciendo penitencia, ayuno y abstinencia, disponiendo de este modo el corazón para acoger con prontitud su voluntad sobre nosotros.

La Cuaresma es el camino a la Pascua, días en que celebraremos los misterios centrales de nuestra fe con la gloriosa resurrección de nuestro Señor al centro. La comunidad cristiana acompaña al Señor Jesús en su camino a la cruz, que Él acepta voluntariamente por amor al Padre eterno y a todos nosotros.

Estos días evocan los cuarenta días de ayuno de nuestro Señor en el desierto e igualmente otros acontecimientos bíblicos, entre los que resaltan los cuarenta años que el pueblo de Israel peregrinó para alcanzar la tierra prometida. Iniciada la Cuaresma el Miércoles de Ceniza, se prolonga hasta la víspera del Viernes Santo, las horas previas antes de la Misa de la Última Cena.

Cada año estos días son una valiosa oportunidad para renovarnos en los compromisos de nuestro bautismo y disponernos mediante la conversión, a la celebración de la resurrección de nuestro Señor.

La Iglesia en Chile nos propone cada año en estas semanas la Campaña Cuaresma de Fraternidad. Es un llamado a los corazones de todos los discípulos misioneros del Señor, como también a los hombres de buena voluntad, para que nos abramos una vez más al amor que Él nos enseñó con el ejemplo de su propia vida. Esta convocatoria cruza transversalmente a la sociedad en su conjunto, sin distinción de nivel económico, ni condición social. Es una bella ocasión para mostrar también en este aspecto nuestro seguimiento del Señor, ejercitando la caridad con quienes más lo necesitan.

Para este año los destinatarios de los frutos de esta campaña son las hermanas y hermanos inmigrantes. La Asamblea de la Conferencia Episcopal de nuestro país establece un nuevo destinatario cada tres años. Así, los años 2016 – 2017 – 2018 han sido los adultos mayores. El año pasado fue el primero de un trienio dedicado a los inmigrantes, bajo el lema Tu aporte y el nuestro, esperanza de todos.

El amor da sentido pleno a los aspectos más relevantes de la espiritualidad de la Cuaresma. En efecto, las privaciones, el ayuno y la abstinencia de poco servirían, si olvidamos la práctica del amor que nuestro Señor nos ha enseñado: si uno dice que ama a Dios mientras odia a su hermano, miente; porque si no ama al hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. Y el mandato que nos dio es que quien ama a Dios ame también a su hermano (1 Jn 4, 20 – 21); Aunque repartiera todos mis bienes y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, de nada me sirve (1 Cor 13, 3).

La Cuaresma nos llama también a salir al encuentro de las necesidades de nuestras hermanas y hermanos inmigrantes. En tiempos pasados varios de sus países de procedencia han sido generosos con compatriotas nuestros. Hoy, nos corresponde a nosotros acogerlos en nuestras parroquias y comunidades, también en la sociedad en su conjunto. Ellos tienen mucho que aportarnos de su cultura y tradiciones, como de las expresiones de su fe. ¡Cuánto podemos aprender de ellos! 

Les solicito acercarse a las parroquias y comunidades pidiendo la tradicional cajita de Cuaresma. En ella pondremos nuestro aporte generoso a la campaña, a fin de que, si Dios quiere, numerosas hermanas y hermanos inmigrantes puedan recibir el amor que el Señor les quiere demostrar, también con este gesto y nuestra humilde colaboración.

El Señor Jesús que conoció la migración y nos acompaña cada día en nuestro peregrinar nos conceda vivir con fe profunda, gozo intenso y gran espíritu solidario esta Cuaresma. Que afianzados en los aspectos de la espiritualidad de este especial tiempo de gracia y bendición, celebremos con renovado fervor el gran misterio de la resurrección de nuestro Señor, fundamento de nuestra fe y feliz esperanza de nuestra propia resurrección en el último día.  



    
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