Lunes 02 de Marzo, 2020

Domingo primero de Cuaresma

 


"Al entrar en la sagrada celebración percibiremos la sencillez de la ornamentación en el templo, el predominio del color morado, los himnos y cantos propios de este tiempo, el silencio del Aleluya y del Gloria. Todos estos elementos conforman una hermosa pedagogía para ayudarnos en el camino a la Pascua", enfatizó en su columna de opinión el Arzobispo René Rebolledo

Este 1 de marzo, primer domingo de Cuaresma, el Arzobispo René Rebolledo Salinas reflexionó en el medio regional, Diario La Región, sobre este tiempo, itinerario hacia la Pascua.

"El pasado miércoles 26 de febrero iniciamos en comunidad el precioso tiempo de Cuaresma. En la celebración de la santa Eucaristía recibimos las cenizas, signo sencillo y austero con el cual nos adentramos en este itinerario hacia la Pascua. Hoy, domingo 1 de marzo, también en comunidad, viviremos el Domingo Primero de Cuaresma. Al entrar en la sagrada celebración percibiremos la sencillez de la ornamentación en el templo, el predominio del color morado, los himnos y cantos propios de este tiempo, el silencio del Aleluya y del Gloria. Todos estos elementos conforman una hermosa pedagogía para ayudarnos en el camino a la Pascua. Importantes, sin duda, pero aún más relevante, la Palabra del Señor que nos ayuda decididamente a preparar el corazón para vivir los misterios más grandes de nuestra fe, la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Salvador.

Las lecturas de este primer domingo de Cuaresma nos hacen presente el misterio del mal en nuestra existencia y la necesidad de acoger la gracia que nos viene del Señor, también con nuestro aporte en la lucha para vencer las tentaciones y así llegar preparados a la Pascua.

En el Evangelio de hoy, la prueba en el desierto, (cfr. Mt 4, 1-11), el Señor nos invita a adentrarnos con Él en el desierto. Esto significa, considerar también en nuestra vida las tentaciones, luchar decididamente contra ellas, facilitando de este modo el encuentro con nuestro Dios y Señor. Nos anima el ejemplo de Jesús. En efecto, la revelación bíblica atestigua que Adán falló, también el pueblo de Israel falló y numerosos otros personajes presentes en los episodios relatados en la Escritura. Por desgracia, también nosotros constatamos que hemos fallado, que somos débiles y podemos fallar nuevamente, sin embargo, nuestro Maestro ha vencido la tentación. Tal victoria de Jesús es por su fidelidad al Padre y a la misión que Él le había encomendado. Esto significa que su vida entera ha dedicado a la lucha contra el mal. Él nos señala el camino y nos brinda la esperanza para vencer también nosotros nuestras tentaciones. La fortaleza de nuestro Señor está en el hecho que su existencia la refiere al Padre Eterno, siempre en sus manos… Este es el camino fundamental que Él nos señala, confianza y fortaleza en Dios su Padre. Mirando a Cristo, también nosotros estamos llamados a celebrar la victoria, venciendo la tentación, nuestras tentaciones.

Contamos con la ayuda eficaz de la participación al triple cuerpo del Señor, su Palabra, su Cuerpo y Sangre, y la comunión con la comunidad fraterna que lo celebra, domingo tras domingo. Son, en verdad, las fuentes que nos proporcionan la fortaleza para el camino de la vida, la lucha contra el mal y la ayuda óptima para el itinerario que debemos recorrer en camino hacia la Pascua".



    
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