Domingo 05 de Abril, 2020

Domingo de Ramos en la Pasión del Señor

 


En su columna semanal publicada en diario La Región, el Arzobispo René Rebolledo se refirió a estos días de Semana Santa.

En este domingo, cinco de abril, unidos a la Iglesia en el mundo entero celebramos el tradicional Domingo de Ramos en la Pasión del Señor. Damos inicio de este modo a la Semana Santa o Semana Grande. Estos días son los mayormente significativos en nuestro camino de fe, puesto que celebramos los acontecimientos fundamentales en la vida de nuestro Señor, por tanto también en nuestra vida de discípulos misioneros.

Dos son las dimensiones que debemos tener presente en este día. Resalta la alegría y el júbilo en las alabanzas que la multitud dirige al Señor en su entrada triunfal en la ciudad de Jerusalén. Oiremos en la celebración de la santa Eucaristía el anuncio en boca del evangelista Mateo: la multitud, delante y detrás de Él, aclamaba: ¡Hosana al Hijo de David. Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosana en las alturas! (Mt 21, 9). Sin olvidar, la segunda dimensión que nos harán presente los textos bíblicos sobre el gran misterio del dolor en la vida de nuestro Señor, particularmente su pasión y muerte. Este aspecto se resalta en la lectura que se realiza de la Pasión, apenas iniciada la celebración. Contemplamos al Señor que inicia de este modo la última semana de su vida terrena manifestando total disposición a cumplir su misión, extender sus brazos en la cruz, muriendo en ella por amor al Padre Eterno y a todos nosotros. En cada santa Misa, hacemos memoria de este gran misterio de nuestra fe.

La vida comporta, en numerosos aspectos, cargar como Cristo con la cruz de cada día. Obviamente, de ningún modo en la dimensión que Él ha asumido su propio camino de cruz. Se trata del Hijo de Dios que es abandonado, particularmente por quienes Él había llamado y escogido para compartir su misión, la crueldad que se manifiesta en los castigos que recibió, entre otros. Sin embargo, también nosotros -hermanas y hermanos aún con mayor sufrimiento que el nuestro- cargamos nuestra propia cruz, nuestro dolor y también el abandono.

En este año, aún más que en los anteriores, nos renovamos en la esperanza. Sabemos que la cruz no es el final del camino, sino que el triunfo es de la vida, la luz y la Pascua. También por amor el Señor ha vencido al dolor y al sufrimiento, el abandono y la misma muerte. Por ello, Dios mediante, el sábado 11 de abril celebraremos la Vigilia Pascual y el domingo 12 la Pascua de Resurrección del Señor. Con Él participamos de los frutos de la Resurrección. En efecto, somos hijos de la Resurrección por el bautismo y la Confirmación. Vivimos después de la Resurrección y a causa de ella. No anunciamos a nuestros contemporáneos otra verdad sino este testimonio bíblico: ¡Cristo ha resucitado! (Mt 28, 6). ¡Sí, verdaderamente ha resucitado! Es nuestra esperanza participar un día de su gloriosa resurrección.

En esta Semana Santa nos unimos al dolor de las hermanas y hermanos que están sufriendo en gran parte del mundo, particularmente a causa del Covid-19. Tengan ellos confianza y esperanza al mirar la Cruz de Cristo y llevar su propia cruz personal y también la de su familia por amor a Él. Cristo transforma nuestro sufrimiento y dolor en el gozo de la resurrección, fuente de vida perenne.



    
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