Domingo 19 de Abril, 2020

Segundo Domingo de Pascua. De la Divina Misericordia

 


En su columna semanal publicada en diario La Región, el Arzobispo René Rebolledo se refirió a estos días posteriores a la resurrección del Señor.

Con la celebración de este segundo domingo de Pascua finalizamos la primera semana de Pascua, que es como un gran día en honor de Cristo Resucitado. El acontecimiento es tan grande que su celebración se prolonga hasta Pentecostés, vale decir, hasta el domingo 31 de mayo. A este domingo se le conoce también con el nombre de dominica in albis, pues en Roma durante todos los días de la semana que termina, los neófitos portaban el vestido blanco recibido en el bautismo celebrado la noche pascual y en este día se despojaban de él, por ello la expresión in albis deponendis, que significa el día en que se despojan de la vestidura blanca. Por otra parte, se conoce este domingo también con el nombre de la Divina Misericordia. Es la santa polaca Faustina Kowalska que ha difundido notoriamente en Polonia la devoción a la Divina Misericordia, extendiéndose luego a varios países.

En este día tenemos presente también la gran importancia de la celebración del domingo, Día del Señor Resucitado. En efecto, el Evangelio así lo destaca: Al atardecer de aquel día, el primero de la semana (Jn 20, 19). Luego en el corazón del relato, se repite: A los ocho días (Jn 20, 26), vale decir, nuevamente el primer día de la semana, pero de la siguiente, se aparece a los discípulos el Señor Resucitado. La comunidad cristiana es convocada por el Señor Resucitado a celebrar su memoria domingo tras domingo, escuchando su Palabra, recibiendo su Cuerpo y Sangre y en la comunión de los hermanos. Con la celebración dominical se dedica las primeras horas al culto y a la alabanza del Señor Resucitado y se recibe también su bendición para los días de la nueva semana.

Anualmente se proclama en este día un pasaje del evangelista Juan: dos apariciones del Señor Resucitado a los Apóstoles (Jn 20, 19-31). El Resucitado saluda a los suyos deseándoles la paz, provocando con ello la alegría de sus discípulos y la confesión del incrédulo Tomás, que no estaba presente en la primera aparición: Señor mío y Dios Mío (Jn 20, 28). El Señor encuentra a sus discípulos en su condición de Resucitado, les dona el Espíritu y los envía en misión: Reciban el Espíritu Santo. A quienes les perdonen los pecados les quedarán perdonados; a quienes se los retengan les quedarán retenidos (Jn 20, 22).

En este domingo, como en el precedente y los siguientes, resuena el anuncio que Cristo está vivo. En efecto, mostrando las manos y el costado con las llagas de la pasión que sufrió, manifiesta que el Resucitado es el mismo que el Crucificado y que ahora vive para siempre.

En la celebración dominical tenemos la gracia y la bendición de la presencia del Señor entre nosotros. Sus discípulos somos convocados en el día del Señor para celebrar la Cena del Señor. La Eucaristía es también fuente de esperanza para proseguir afrontando los desafíos personales, familiares y los de la comunidad en el nombre del Señor, conscientes que el Resucitado envía también hoy a la comunidad de sus discípulos para dar testimonio de su fe, anunciando la belleza del encuentro sostenido con Él.

Las consecuencias del Coronavirus no nos permiten celebrar con la comunidad físicamente presente. Justamente hoy se cumple un mes que no podemos convocarnos en los templos. Sin embargo, gracias a los medios de comunicación social, hemos celebrado lo más precioso en nuestra vida cristiana, la santa Eucaristía y todos los actos de Semana Santa, en profunda comunión con nuestros queridos fieles. El Señor nos fortalece también en estas circunstancias en la comunión.

 



    
Comunicaciones Arzobispado de La Serena - Los Carrera 450 - Casilla 613- La Serena
Teléfonos: 512 216956 Anexos: 200 y 207 - 512 225658 Anexo: 201
E-mail: comunica@iglesia.cl - laserena@episcopado.cl