Viernes 01 de Mayo, 2020

Saludo del Arzobispo de La Serena en el Día Internacional de los Trabajadores

 


El Pastor entregó su mensaje y bendición a quienes desarrollan diversas labores en la sociedad, sobre todo en momentos de dificultad como los que se viven en la actualidad producto de la pandemia.

En el Día del Trabajador y de la Trabajadora, que conmemoraremos hoy, viernes 1 de mayo, los saludo muy cordialmente, también en nombre de la Arquidiócesis de La Serena que represento. Les deseo la alegría y la paz del Tiempo de Pascua que estamos celebrando en la Iglesia. El Señor Resucitado -que ha vencido al dolor y a la muerte y nos brinda su vida nueva- es la causa también de nuestra paz y alegría, no obstante los sufrimientos del tiempo presente.

Esta conmemoración anual nos encuentra inmersos en desafíos de los más grandes a nivel mundial, en el país y también en nuestra región de Coquimbo.

La crisis, provocada a partir de las consecuencias del coronavirus a nivel mundial, es de proporciones aún por dimensionar, que afectarán lamentablemente a los más pobres, desvalidos y carenciados de la sociedad. En nuestro país, a los grandes retos surgidos por la crisis social, se suman ahora otros que ya está provocando la pandemia. En nuestra región de Coquimbo, desde hace años nos golpea duramente la escasez hídrica, más aún a las hermanas y hermanos que cultivan los campos y a otros que se dedican a la crianza de ganado. Preocupa igualmente la situación por la que atraviesa el turismo regional, dada la baja de visitantes a la zona. Numerosas personas dedicadas a acogerlos en hoteles y otros, ven con preocupación la estabilidad de su fuente laboral.

El viernes 24 de abril, recién pasado, hemos publicado a nivel nacional un Mensaje al concluir la 120° Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal de Chile, titulado No nos salvamos solos, en referencia a la expresión usada el 27 de marzo de 2020 por el Papa Francisco en el Momento extraordinario de oración en tiempos de epidemia, en el Atrio de la Basílica de San Pedro: “nadie se salva solo”.  En el acápite 2 se lee: Hoy el Señor nos urge a ser cercanos y atentos a los más pobres y desprotegidos ante la pandemia: personas sin techo o sin hogar, adultos mayores, inmigrantes, grupos familiares que viven en hacinamiento, sin agua y sin condiciones de salubridad ni conectividad. Junto al dolor de quienes han perdido a familiares o los ven sufrir, nos conmueven también los episodios de violencia al interior de la familia, el miedo y los problemas de salud mental a causa de esta crisis.

A los pastores nos causa especial preocupación: que muchas personas y familias perderán sus fuentes laborales y que ello implica angustia y falta de recursos para la subsistencia familiar. Este drama nos interpela a promover una solidaridad activa y a trabajar en un pacto social para aminorar el impacto de la cesantía y sus consecuencias. Este empeño requiere el esfuerzo de todos, sin excepción.

Manifiesto, una vez más, mi cercanía a quienes están sufriendo a causa de estas graves crisis mencionadas. Convoco a la Iglesia que peregrina en la región de Coquimbo a manifestar en todo momento nuestra solidaridad efectiva. En diversos modos estamos potenciando nuestra Comisión Arquidiocesana de Pastoral Social-Caritas para salir al encuentro de quienes más precisen en estos momentos de nuestra ayuda. Solicito que nadie se reste ante esta emergencia. Para los discípulos misioneros del Señor, es aún de mayor exigencia: si no ama al hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. Y el mandato que nos dio el Señor es que quien ama a Dios ame también a su hermano (1 Jn 4, 20-21). La solidaridad y preocupación por quienes la están pasando mal nos debe empeñar y comprometer a todos, es un deber que brota del corazón mismo del Evangelio.

Junto con mis felicitaciones a los trabajadores, les aseguro el recuerdo en la oración ante el Altar del Señor, especialmente en la celebración de la santa Misa que presidiré hoy al mediodía en el templo Catedral Metropolitano de La Serena y que ofreceré por ustedes y sus familias.

No puedo olvidar en este saludo a todas las personas que están sufriendo por las consecuencias del coronavirus, los enfermos y sus familias, el personal sanitario que los atiende. Encuentren todos en el Señor Resucitado la fortaleza para seguir adelante en el camino de la vida. Un recuerdo especial en la oración por los fallecidos, que descansen en la paz del Señor, y los deudos encuentren en Cristo consuelo y esperanza.

 

A todos los bendigo con afecto en el Señor.

 

+René Rebolledo Salinas

Arzobispo de La Serena





    
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