Domingo 03 de Mayo, 2020

En la 57 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones

 


Mensaje del Arzobispo René Rebolledo Salinas.

La comunidad cristiana celebra hoy, 3 de mayo, el cuarto domingo de Pascua conocido como Domingo del Buen Pastor. El  Santo Padre Francisco nos ha convocado a vivir en este día la 57 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones.

Del texto conocido como Jesús, el Buen Pastor corresponde este año Juan 10, 1-10. El Señor se presenta como la Puerta de acceso para pastores y ovejas. Son numerosas las perspectivas que ofrecen el título de Pastor y la connotación de Puerta, por donde entrar y salir. Ante todo, las palabras de Jesús se aplican a los pastores, quiénes entran por ella como pastores legítimos. Los que no cruzan tal puerta el Señor mismo los compara con ladrones y asaltantes, a quiénes las ovejas no los escuchan: el que no entra por la puerta al corral de las ovejas, sino saltando por otra parte, es un ladrón y asaltante. El que entra por la puerta es el pastor del rebaño. El cuidador le abre, las ovejas oyen su voz, él llama a las suyas por su nombre y las saca. Cuando ha sacado a todas las suyas, camina delante de ellas y ellas le siguen; porque reconocen su voz. A un extraño no le siguen, sino que escapan de él porque no reconocen la voz de los extraños (vv. 1-5).

¡Cristo Jesús es la Puerta! Él es el enviado por Dios nuestro Padre. Él es la Puerta para tener acceso al Padre. ¡En Él hay salvación! Él nos invita a entrar en el Reino del Padre. En Él está el sentido y la plenitud de la vida. Por ello, es preciso oír su voz, seguirlo y formar parte de su comunidad de discípulos misioneros.

En este domingo del Buen Pastor damos gracias a Dios en comunidad por el pastoreo de nuestro Señor en relación con todos nosotros. Él, en su condición de Buen Pastor, nos habla y alimenta domingo tras domingo. Su Palabra es vida, su Cuerpo y Sangre fortalecen nuestra vida, su entrega generosa hasta la muerte y su resurrección gloriosa son la vida perenne que debemos participar a las hermanas y hermanos de camino.

Damos gracias a Dios por el don de nuestra vida y la hermosa vocación que Él nos ha regalado y le pedimos por todas las vocaciones que ha sembrado a manos llenas en el campo de su Iglesia, laicales, de religiosas y religiosos, de diáconos permanentes y sacerdotales (cfr. Misal Romano, Por las Vocaciones a las Sagradas Órdenes, oración después de la comunión, p.992). En especial oramos hoy por nuestro Seminario Mayor “Santo Cura de Ars”, por sus formadores y seminaristas.

Invito, una vez más, a asumir actitudes fundamentales en relación con la pastoral de las vocaciones. Ante todo, el imperativo de rogar al Dueño de los campos que envíe trabajadores para la cosecha (Mt 9, 38). Escribí en la Carta pastoral sobre las vocaciones sacerdotales al pueblo de Dios que peregrina en los valles Elqui y Limarí (2015): la oración es el único instrumento capaz de actuar al mismo tiempo en el campo de la gracia y en aquel de la libertad, permitiendo al hombre discernir el llamado y responder a Dios. Alimentada por la Palabra, ella abre el corazón del creyente para descubrir la verdad más profunda de sí mismo. En un camino de fe, la oración permite entregarse a la voluntad de Dios y darle una respuesta generosa a un particular proyecto de vida al cual Él está llamando. 

Luego, es de vital importancia asumir nuestra corresponsabilidad en la pastoral de las vocaciones, tan importante y decisiva en el anuncio del evangelio y en la vida de la Iglesia. No podemos obviar la realidad de la estadística objetiva de la escasez de vocaciones, especialmente a la vida sacerdotal y consagrada. Lamentablemente, son tres las parroquias que no cuentan con sacerdotes en nuestra Arquidiócesis y otras habría que crear para atender bien a las necesidades de los fieles. ¡Son desafíos que nos incumben a todos!

Los invito a unirnos al anhelo del Santo Padre Francisco manifestado en su Mensaje para esta Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones: deseo que la Iglesia recorra este camino al servicio de las vocaciones abriendo brechas en el corazón de los fieles, para que cada uno pueda descubrir con gratitud la llamada de Dios en su vida, encontrar la valentía de decirle “sí”, vencer la fatiga con la fe en Cristo y, finalmente, ofrecer la propia vida como un cántico de alabanza a Dios, a los hermanos y al mundo entero. 

Confiamos nuestra vida y vocación a Jesucristo, el Buen Pastor, y a su santa Madre, la Virgen María.

 

+René Rebolledo Salinas,

Arzobispo de La Serena





    
Comunicaciones Arzobispado de La Serena - Los Carrera 450 - Casilla 613- La Serena
Teléfonos: 512 216956 Anexos: 200 y 214 - 512 225658 Anexo: 201
E-mail: comunica@iglesia.cl - laserena@episcopado.cl