Domingo 19 de Julio, 2020

Su enseñanza en parábolas

 


Artículo del Arzobispo René Rebolledo Salinas publicado este domingo 19 de julio en el diario La Región.

El pasado jueves 16 hemos celebrado a Nuestra Señora del Carmen, Madre y Reina de Chile. A Ella hemos confiado una vez más nuestros desafíos personales, familiares y de la entera sociedad en nuestro país. ¡Cuánto necesitamos de su intercesión! Contemplamos con agradecimiento a nuestra Madre, presente en los acontecimientos más relevantes de la historia Patria. Su presencia maternal, delicada, amorosa y solícita nos conduce siempre a Jesús, su Hijo, para indicarnos cuál es su voluntad y lo que Él espera de nosotros.

El domingo pasado hemos reflexionado acerca de la Parábola del sembrador (cfr. Mt 13, 1-23) y de la eficacia y los frutos de la Palabra de Dios. Hoy, en el santo Evangelio según san Mateo, oiremos la enseñanza de las parábolas del trigo y la cizaña (cfr. Mt 13, 24-43), de la semilla de mostaza que un hombre toma y siembra en su campo (cfr. Mt 13, 31-32), pequeña semilla, pero cuando crece es más alta que otras hortalizas; se hace un árbol, vienen las aves del cielo y anidan en sus ramas (Mt 13, 32) y la de la levadura que toma una mujer, la mezcla con tres medidas de harina hasta que todo fermenta (Mt 13, 33). Tienen en común estas parábolas que ponen el acento en la pequeñez del inicio y el gran resultado, pequeña semilla de mostaza que se convierte en un arbusto, levadura que fermenta la masa, brindando el pan.

Volvemos nuestra mirada al domingo pasado, para resaltar la fuerza interior de la Palabra, que en su eficacia transforma, fecunda y produce frutos en abundancia.

Es necesario manifestar plenamente la confianza en Dios nuestro Padre, en sus planes de salvación y vida. Él es el sembrador, su Hijo anuncia y es presencia del Reino, todo ello en orígenes muy sencillos y humildes, en definitiva, en el corazón mismo del hombre. Con frecuencia somos testigos que obras con modesto comienzo, experimentaron a través de los años un desarrollo enorme y fecundo. Es preciso, pues, renovarnos en la confianza que el Señor con la eficacia de la Palabra realiza su plan y santa voluntad.

El bien se difunde. Cada día experimentamos tal verdad. Lo misterioso es que también el mal encuentra eco en el corazón de numerosas personas, con frecuencia en el nuestro. Se manifiesta en el odio, el rencor, la envidia, los celos… en otras actuaciones graves como el terrorismo y el narcotráfico o el mal causado a personas indefensas… Al Señor no le agrada que haya cizaña en su campo, pero tampoco es su voluntad intervenir extraordinariamente. Permanece la enseñanza bíblica que siendo Padre, paciente y misericordioso, es también juez y hará justicia. ¡No es esta nuestra misión! A nosotros nos corresponde proseguir sirviendo en la Viña del Señor, aprendiendo durante los días de nuestra vida sobre su bondad, misericordia y paciencia, procurando respetar siempre la libertad de las personas.

 



    
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