Domingo 26 de Julio, 2020

El Reino de los cielos se parece…

 


En una nueva columna publicada este domingo 26 de julio, el Arzobispo René Rebolledo enfatizó en que el seguir al Señor exige "el encuentro con Él y la opción por los valores del Reino".

Los dos últimos domingos, el Señor ha iluminado nuestras celebraciones y, a partir de ellas, también nuestra vida con parábolas muy hermosas. Hoy, oiremos otras tres en las que Él manifiesta algunos aspectos del Reino, que anhela vaya creciendo entre nosotros. La parábola del tesoro escondido en un campo: lo descubre un hombre, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, vende todas sus posesiones para comprar aquel campo (Lc 13, 44); de la perla fina: un comerciante en perlas finas, al descubrir una de gran valor, va, vende todas sus posesiones y la compra (Lc 13, 45) y, finalmente, la red echada al mar: que atrapa peces de toda especie cuando se llena, los pescadores la sacan a la orilla y sentándose reúnen los buenos en cestas y los que no valen los tiran (Lc 13, 48).

Importa de estas parábolas sobre todo el mensaje que el Señor nos ofrece - el Reino de los cielos se parece…- En la parábola de la red echada al mar y la selección de los peces buenos y los que no valen - que nos recuerda la del domingo pasado sobre el trigo y la cizaña - la enseñanza es que cultivemos la bondad y la paciencia, como la de Dios que nos manifiesta también a nosotros misericordia infinita. Igualmente, la respuesta a la pregunta que propone el Señor: ¿lo han entendido todo? Le responden que sí, y Él les dijo: pues bien, un letrado que se ha hecho discípulo del Reino de los cielos se parece al dueño de una casa que saca de su tesoro cosas nuevas y viejas (Lc 13, 51-52). Obviamente, también nosotros estamos invitados en este día a dar una respuesta, si hemos entendido bien el contenido profundo de las parábolas -la enseñanza de nuestro Señor- para nuestra vida personal, familiar y en la comunidad de sus discípulos.

Las parábolas, el Señor las ha tomado de la vida cotidiana de sus contemporáneos. Son una invitación al discernimiento, personal y comunitario, en vista de los verdaderos valores - los que Él en su enseñanza nos ha ofrecido - para proseguir trabajando en ellos y avanzar en el camino del conocimiento más profundo de su vida y sus opciones, a fin de adherir a Él de todo corazón, en un encuentro que transforme nuestra vida y nos lleve a ser, cada vez más, sus verdaderos discípulos misioneros.

La propuesta que nos hace el Señor apunta siempre al máximo, hacia los auténticos tesoros y perlas que dan orientación definitiva a nuestra vida: el encuentro con Él y como consecuencia la opción por sus valores. En numerosas ocasiones se cita esta maravillosa frase del papa Benedicto XVI de su Carta Encíclica Deus Caritas Est: No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva (n1).

El seguimiento del Señor exige esta radicalidad: el encuentro con Él y la opción por los valores del Reino. Él nos enseña que su propuesta es plena de alegría, mayor de la que experimentan los que han descubierto en la vida tesoros y perlas. Procuremos ayudar a las personas, respetando plenamente su libertad, sin embargo, lanzando siempre de nuevo la red, siguiendo de este modo su propia misión: ser pescadores de hombres.



    
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