Jueves 04 de Junio, 2020

Mirar hacia donde el Espíritu Santo nos impulsa, a un año de su publicación

 


En su artículo mensual publicado en diario El Día, el Arzobispo René Rebolledo Salinas reflexionó sobre su Carta Pastoral fruto de asambleas eclesiales realizadas el 2018-2019 en la Arquidiócesis.

El dos de junio de 2019 entregué a la comunidad Arquidiocesana mi segunda Carta Pastoral titulada Mirar hacia donde el Espíritu Santo nos impulsa. Seleccioné este título de la Carta del Papa Francisco Al Pueblo de Dios que peregrina en Chile (31 de mayo de 2018). Fue mi respuesta en aquel momento a las Asambleas Arquidiocesanas y otros encuentros que se realizaron para reflexionar sobre la situación de la Iglesia en Chile y particularmente en nuestra Arquidiócesis, que peregrina en la región de Coquimbo. Me inspiré para escribirla en los aportes que me fueron entregados el 12 de marzo de 2019 por parte de la Vicaría Pastoral. En el dossier se contemplaba abundante material proveniente de las reflexiones del Clero, diáconos permanentes, religiosas y religiosos y numerosos fieles. Se pidió también el parecer y el consejo de constructores de la sociedad y líderes de opinión.

Con sincera humildad, representantes del Pueblo Santo de Dios, hemos pedido perdón por los abusos de poder, conciencia y sexual que se han cometido en la Arquidiócesis, todo ello en un gesto público y en comunión. Reafirmamos igualmente el compromiso de seguir orando por quienes han sufrido el abuso y experimentan aún hoy sus graves consecuencias. Seguimos trabajando por forjar ambientes sanos y seguros, para las miles de personas que acuden diariamente a nuestras parroquias y comunidades.

Siguiendo el Magisterio del Papa Francisco, nos hemos propuesto implementar y exigir líneas pastorales que contemplen tres aspectos de vital importancia: sinodalidad, formación y testimonio. Estas dimensiones son absolutamente necesarias proseguir cultivándolas en nuestras comunidades, a fin de que en todos los miembros del Pueblo de Dios se dé un cambio de actitud que propicie una verdadera y profunda renovación eclesial. En la Iglesia, desde nuestro bautismo y confirmación, todos somos corresponsables en el anuncio del Evangelio, en las instancias que se favorezcan para ello, como también en los medios y otros que son imprescindibles para un servicio en comunión.

Es preciso, -como se menciona en la Carta-, evitar actitudes contrarias a la sinodalidad, como podrían ser, estilos autoritarios y hasta dictatoriales, así como la escasa participación de laicas y laicos en resoluciones de la vida pastoral. La orientación es potenciar un liderazgo participativo, creativo y sobre todo corresponsable. Juntos somos el Pueblo de Dios que peregrina en las provincias Elqui y Limarí y todos debemos ser partícipes en comunión en la construcción del Reino del Padre Eterno que su Hijo ha inaugurado entre nosotros con su presencia, palabra y obras. Obviamente, la exigencia evangélica es mayor para quienes hemos sido llamados por el Señor a ser pastores en su pueblo. Es Pablo, el apóstol, quien hace a Timoteo una especial advertencia: Combate el buen combate (1Tim 1, 18-19); Procura ser modelo... en la palabra, en el comportamiento, en la caridad, en la fe, en la pureza. No descuides el carisma que hay en ti,… (1 Tim 4, 12-16); Te recomiendo que reavives el carisma de Dios que está en ti... Porque no nos dio el Señor a nosotros un espíritu de timidez, sino de fortaleza, de caridad  y de templanza (2 Tim 1, 6-7).

En la ocasión propuse algunos desafíos pastorales, a saber, favorecer sinodalmente la conversión pastoral. Como tarea propuse la renovación de los Consejos Pastorales, a nivel Arquidiocesano y parroquial. El acento está en el ejercicio sinodal que será el modo habitual para discernir las orientaciones pastorales en parroquias, comunidades, colegios, movimientos apostólicos y nuevas comunidades. Por otra parte, se busca favorecer una formación integral, actualizada y concorde al servicio pastoral específico. En este ámbito propuse el fortalecimiento de la Comisión Arquidiocesana de Prevención y Acompañamiento a Víctimas. El gran anhelo manifestado en las Asambleas señaladas lo expuse en el siguiente objetivo: favorecer una actitud testimonial, siendo en la Iglesia y para el mundo testigos de Cristo con la palabra, la vida y las obras. Se procurará actitudes inclusivas, dialogantes y comprometidas, manifestándonos también claramente cuando se atropelle y menoscabe la dignidad de las hermanas y hermanos de camino.

Al cumplirse hoy un año de la entrega de esta Carta a los fieles católicos y a los hombres y mujeres de buena voluntad, podemos constatar un real esfuerzo por asumir estos retos. Mayor es la exigencia, después del estallido social en nuestro país, puesto que en nuestras comunidades los fieles anhelan pasos concretos, objetivos evaluables a corto, mediano y largo plazo, como también real compromiso de todas las instancias para avanzar y convertirnos así en una Iglesia que pone a Cristo en el centro, buscando diariamente la renovación y conversión. De este modo, procuramos también ser fieles discípulos misioneros de nuestro Señor.

 

 



    
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