Domingo 14 de Junio, 2020

Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

 


En artículo publicado este domingo 14 de junio en diario La Región, el Arzobispo René Rebolledo reflexionó en torno a esta festividad "muy querida por los fieles".

Hoy, domingo 14 de junio, celebramos una festividad muy querida por los fieles, la solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo. La viviremos, Dios mediante, con sentimientos de honda gratitud, pues la Eucaristía la celebramos todos los días, especialmente en el primer día de la semana, el domingo, día del Señor. Es el sacramento en que Cristo se nos dona en su cuerpo y en su sangre, bajo las formas de pan y vino. Particular acento tiene esta festividad en la presencia permanente del Señor como alimento disponible para los enfermos y la adoración, personal y comunitaria.

El acto principal de este domingo es la celebración de la santa Eucaristía, luego las procesiones que se multiplican en las comunidades urbanas y rurales. Lamentablemente, este año debido a las consecuencias del Covid-19, la Eucaristía la vivirán los fieles vía remota a través de los medios de comunicación y las procesiones se han suspendido. En situación normal -con la participación festiva y entusiasta en las procesiones- manifestamos la fe en la presencia sacramental de Cristo en su Iglesia, comunidad fortalecida siempre y cotidianamente por el Cuerpo y la Sangre del Señor, alimento para el camino de la vida.

Este año, junto con dar gracias a Dios por este sacramento admirable, los invito a reflexionar acerca de la gran importancia del día domingo en nuestra vida. Nos podríamos plantear algunas preguntas: ¿Qué significado tiene hoy el domingo? ¿Cómo lo estamos celebrando los discípulos misioneros del Señor? ¿Qué lugar ocupa la celebración de la Eucaristía dominical en nuestro proyecto de vida personal, familiar y comunitario?    

Sin duda, es totalmente legítimo encontrar modos de esparcimiento para transcurrir el domingo, especialmente aquellos vividos en familia. También es justo descansar y realizar otras actividades que nos atraen y para las cuales no hay tiempo durante los demás días de la semana, por los horarios de trabajo y otros compromisos. Sin embargo, es tarea de todos los bautizados y confirmados promover la primera finalidad del domingo, como día en que celebramos el misterio de Cristo. No permitamos que el consumismo y hedonismo reinantes en la cultura actual se apoderen del día del Señor.

Es loable destacar el gran esfuerzo de los sacerdotes al trasladarse a pueblos y lugares muy distantes de la sede parroquial para presidir y celebrar con la comunidad la santa Eucaristía. Son también numerosos los agentes de pastoral que se están preparando para presidir el culto en ausencia del presbítero. Obviamente, también los diáconos permanentes realizan un maravilloso servicio, junto a sus esposas e hijos, para acudir a aquellas comunidades que no cuentan con un sacerdote estable que presida la Eucaristía. Ellos celebran el culto, acompañan a la comunidad y presiden otros sacramentos, también la adoración al Santísimo, que es bien acogida por los fieles y frecuentada siempre más, especialmente en las capillas de adoración perpetua, pero también en nuestros templos.    

 Proseguimos acompañando en la  oración a las personas que sufren por las consecuencias del Covid-19, los enfermos y sus familias. Particular cercanía y afecto para los familiares de los fallecidos. Domingo tras domingo los acompañamos con nuestra oración comunitaria, pidiendo al Señor conceda a los difuntos la paz junto a Cristo Resucitado; a sus familias consuelo y esperanza. Oramos también por el personal sanitario y los suyos, encuentren la fortaleza en el Señor para seguir sirviendo en situación tan compleja.  



    
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