Domingo 28 de Junio, 2020

Radicalidad en el seguimiento

 


En un nuevo artículo del Arzobispo René Rebolledo, publicado este domingo en diario La Región, se invita a reflexionar que para "seguir al Señor es preciso cargar la propia cruz...".

Después de haber celebrado el miércoles 24 de junio el nacimiento de san Juan Bautista -festividad muy popular entre nosotros- la comunidad cristiana vive hoy el 13° domingo del Tiempo Ordinario y se prepara para la gran solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, mañana lunes 29 de junio. Como cada año, también en éste, tendremos presente al Papa Francisco, dado que en la mencionada festividad se celebra el Día del Papa, Vicario de Cristo y Sucesor de san Pedro.

El Evangelio que se proclama en las celebraciones de este día es Mateo 10, 37-42, pasaje bíblico que contempla algunas de las exigencias radicales en el seguimiento del Señor. Ni siquiera el afecto a los padres o a los hijos puede sobreponerse a la fidelidad de vida a Él: Quien ame a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; quien ame a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí (v. 37). Para seguir al Señor es preciso cargar la propia cruz: quien no tome su cruz para seguirme no es digno de mí (v. 38). Incluso la propia vida en el seguimiento del Señor es un valor relativo: quien se aferre a la vida la perderá, quien la pierda por mí la conservará (v. 39).

Por otra parte, el Señor promete el premio a quienes acojan a sus enviados: el que los recibe a ustedes a mí me recibe; quien me recibe a mí recibe al que me envió. Quien recibe a un profeta por su condición de profeta tendrá paga de profeta; quien recibe a un justo por su condición de justo tendrá paga de justo (vv. 40-41).

Reflexionamos: los sentimientos de gratitud, afecto y cercanía a nuestras familias los debemos mantener siempre, mientras vivimos; también el autocuidado de nuestra propia vida. Sin embargo, debe estar subordinado al seguimiento de Jesús. Todos ellos, valores buenos y nobles, mas relativos. En la vida en muchas ocasiones se nos puede presentar un discernimiento complejo, entre la fidelidad al Señor y las opciones familiares o sociales, sin embargo, el amor a Dios, -consecuentemente a su Hijo Cristo el Señor-, es absolutamente prioritario. Los santos, los mártires y tantas personas buenas nos dan un bello ejemplo de su fidelidad al Señor en momentos y situaciones tan complejos, también en el ofrecimiento de su propia vida. La festividad de mañana es un claro ejemplo de ello, la vida entregada al Señor, por amor, de los santos Pedro y Pablo, apóstoles.

Es la radicalidad del Evangelio: Las exigencias que debemos asumir por amor al Señor y en el camino de su discipulado. En numerosas ocasiones estamos llamados a tomar la cruz y seguirlo, renunciando incluso a aspectos buenos y legítimos, hasta entregar la propia vida si fuere necesario, para encontrar en Él la plenitud de la vida y la felicidad.

En este domingo pedimos al Señor la gracia y la fortaleza para el discernimiento diario y la sabiduría cuando nos encontremos frente a propuestas en las cuales es complejo optar. Que podamos, en su ejemplo -también en el de los santos y de los mártires- saber renunciar incluso a ofrecimientos buenos, estimando por sobre ellos a los superiores, las opciones de nuestro Señor y de su reino. 



    
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