Viernes 02 de Octubre, 2020

María de Andacollo

 


Este domingo se celebra la Fiesta Chica 2020 en el Santuario ubicado en la comuna minera, por lo que el Arzobispo René Rebolledo Salinas dedicó su artículo mensual a la Santa Patrona de la Arquidiócesis.

Anualmente se celebra en Andacollo la Fiesta Grande de Nuestra Señora del Rosario, entre los días 23 y 27 de diciembre. Acuden miles de peregrinos a un encuentro con el Señor y su santa Madre. Desde comienzos del siglo XX se empieza a celebrar también la llamada Fiesta Chica, el primer domingo de octubre, este año el 4.

Al inicio, la Fiesta Chica, tuvo dos motivaciones para convocarla. Por una parte, dar realce a la festividad de la Virgen del Rosario que se celebra el 7 de octubre, día patronal de nuestra Arquidiócesis de La Serena. La segunda, dar ocasión a los habitantes de Andacollo para celebrar en forma familiar, comunitaria y participativa a su santa Patrona.

¿Qué motiva cada año a miles de fieles encaminar sus pasos hasta Andacollo? ¿Por qué generaciones de familias mantienen, aún hoy, viva la tradición de convocarse en este santuario? ¿Qué mueve a los jóvenes, cada vez más numerosamente, a integrarse a los bailes religiosos? ¿En qué aspectos la realidad que se vive en Andacollo es un paradigma para la evangelización en nuestros tiempos?

No entramos en esta ocasión en aspectos históricos de la devoción y del Santuario, sino simplemente en la realidad de una experiencia de fe que se vive en Andacollo -a lo largo de todo el año- especialmente en la Fiesta Chica y en la Fiesta Grande.

Lo que se experimenta en Andacollo es un don y un regalo de Dios. No es que nosotros demos los primeros pasos. La presencia de la Virgen santa en Andacollo, Nuestra Señora del Rosario, es un don de Dios, un regalo inmenso a ese pueblo, también para nosotros. No podemos ni siquiera imaginar la cantidad de miles de personas que a lo largo de la historia de ese santuario han sido acogidos por la Virgen santa en Andacollo, siguiendo la convocatoria que les hace su Hijo, Cristo el Señor. De tal conciencia debemos partir. Es, ante todo, el Señor que convoca a su pueblo, especialmente a los humildes y sencillos de corazón. Él desea sostener un encuentro con los suyos, sus discípulos misioneros. ¡Éste es el acontecimiento fundamental! La Virgen santa los acoge como buena Madre, les muestra el rostro pleno de amor y misericordia de su Hijo, recibiendo también sus anhelos, gozos y esperanzas, dolores y sufrimientos. Habiendo contemplado al Señor y el rostro acogedor de la Madre, se retorna a los hogares y a las ocupaciones habituales, pero fortalecidos. ¡Ésta es la experiencia que se renueva cada año en Andacollo! Además, esta vivencia tan honda y profunda, experimentada en la comunión con miles de peregrinos -del país y el extranjero-, impresiona hondamente y fortalece para seguir adelante en el camino de la vida.

El hecho de peregrinar hasta Andacollo, es una experiencia que manifiesta la fe y que fortalece para seguir confesándola. La peregrinación evidencia una realidad profundamente humana, pues la vida es un camino a andar. El hombre está siempre en camino, en el tiempo y en la historia. Es un peregrino que busca el sentido último de la realidad y su propia vida. ¡Con qué entusiasmo jóvenes, niños, adolescentes y adultos, peregrinamos a Andacollo! ¡Qué hermoso es participar anualmente de estas dos peregrinaciones! Nos unimos con ello a Jesús que por amor se hizo peregrino. Él es el primero que para encontrarse con nosotros salió de sí mismo. Su vida entera la entendió como un camino, desde el Padre y hacia al Padre. Él se define como Camino (Jn 14, 16) y, aún hoy, Él sigue siendo peregrino entre nosotros. Así también los apóstoles y los discípulos del Señor de todos los tiempos. Recordemos que los primeros cristianos, antes de llevar este nombre, fueron conocidos como los del camino (cfr. Hch 9, 2; 19, 9. 23; 22, 4).

La peregrinación, el encuentro con Jesucristo y su santa Madre en el Santuario mariano de Andacollo, la comunión que se verifica entre todos los peregrinos, la expresión de fe, la fraternidad universal, la celebración festiva con la música, el canto, las plegarias, los bailes religiosos, el compartir… y tantos otros valiosos aspectos que se viven en Andacollo, ¿no son acaso desafíos para la evangelización en nuestros tiempos?

Me viene a la memoria esta maravillosa frase del documento de Aparecida: el caminar juntos hacia los Santuarios y el participar en otras manifestaciones de la Piedad Popular, también llevando a los hijos o invitando a otros, es en sí mismo un gesto evangelizador por el cual el pueblo cristiano se evangeliza a sí mismo y cumple la vocación misionera de la Iglesia (DA, 264).

La subida a Andacollo, el encuentro festivo con familiares y amigos en la peregrinación misma, en el templo y en las calles de Andacollo, la realidad de la Iglesia manifestada ante la sagrada Imagen, la danza festiva de los bailes religiosos, manifiestan la espiritualidad popular (DA, 263), expresiones del pueblo santo de Dios que nos fortalecen y renuevan en la esperanza.

Lamentablemente, debido a las consecuencias del COVID-19 que todos estamos sufriendo, debemos vivir este año la Fiesta Chica de otro modo. El Rector del Santuario, P. Adam Bartyzol,  junto a la Comisión Organizadora de la Fiesta, nos propondrá un programa digital. Será un  modo diverso de vivir esta peregrinación, permanece, no obstante, el aprecio, la veneración y la confianza de los hijos de esta tierra en la Chinita de Andacollo. A Ella confiamos especialmente nuestros anhelos y mejores deseos, como también nuestras familias y el país, en este tiempo de pandemia. ¡Acógenos en tu corazón, protégenos en el alma y en el cuerpo, fortalece a los enfermos y a todos los que sufren, ayuda a las familias a vivir con alegría! (De la Oración a Nuestra Señora del Rosario de Andacollo).  



    
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