Domingo 31 de Enero, 2021

¡Una enseñanza nueva, con autoridad!

 


En una nueva columna, el Arzobispo René Rebolledo repara en que la enseñanza de Jesús 'suscita gran admiración, pues enseña “con autoridad”'.

El domingo pasado, siguiendo al evangelista Marcos -que corresponde a lo largo de este año en los evangelios del domingo-, escuchamos en comunidad el pasaje sobre el comienzo de la predicación de nuestro Señor llamando a la conversión, Mc 1, 14-20, “se ha cumplido el tiempo y está cerca el Reino de Dios. Arrepiéntanse y crean en la Buena Noticia” (Mc 1, 15), y convocando a los primeros discípulos, “vengan conmigo y los haré pescadores de hombres” (v. 17).

 Hoy, en continuación con el pasaje bíblico precedente, contemplaremos al Señor como Mesías, Maestro y Profeta, que habla como enviado de Dios a los hombres de todas las épocas, lugares y culturas (cfr. Mc 1, 21-28). ¡Él realiza su misión, la que el Padre le ha encomendado!

El evangelista Marcos nos refiere la primera actuación de Jesús en público, en Cafarnaúm, ciudad significativa en su ministerio. Su enseñanza suscita gran admiración, pues enseña “con autoridad”. Al liberar a una persona poseída por un “espíritu inmundo”, mayor es la admiración de los presentes ante el portento milagroso que realiza. ¡Su palabra y actuación provocan la admiración! En efecto, afirma el evangelista: “Su fama se divulgó rápidamente por todas partes en toda la región de Galilea” (v. 28).

La autoridad con que Jesús enseña y actúa proviene de la misión que ha recibido del Padre eterno. Él anuncia el Reino, que es Él mismo, su persona, la Palabra, refrendada con hechos y obras prodigiosas. Jesús es la Palabra viva que Dios dirige a todos, hombres y mujeres de cada época y lugar.

Como miembros del Pueblo de Dios, también nosotros, bautizados y confirmados, discípulos misioneros del Señor -por gracia y elección divina- participamos de la misión profética de Cristo, ante todo como testigos del encuentro con Él, acontecimiento que marca la vida y que debemos compartir a las hermanas y hermanos de camino. Esto supone una actitud y disposición para escuchar con humildad la voz de Dios, dado que la unción profética es para anunciar el amor, la bondad y la misericordia de Dios. Jesús nos transmitió una enseñanza nueva, con autoridad, pues a todos habló del amor de Dios, mensaje que refrendó con sus obras. En nuestro Señor, predicación y enseñanza están profundamente unidas en la coherencia de su vida. Esto es lo que admiró a los oyentes y que ha provocado en ellos preguntas fundamentales: “¿Qué significa esto?” (v. 27). Detrás de esta interrogante está el misterio de su identidad.

En la confusión reinante por los cambios culturales que cruza el mundo, también nosotros podríamos errar al presentar como definitivo aquello que no lo es, o por intereses presentar solo cuanto la gente quisiera escuchar. Invoquemos al Espíritu Santo, a fin de que, como nuestro Maestro y profeta, también nosotros podamos ser humildes mediaciones en participar a otros de la voz de Dios.



    
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