Domingo 14 de Febrero, 2021

La Cuaresma en tiempo de pandemia

 


"La Cuaresma de este año nos encuentra inmersos en uno de los momentos más tristes y complejos de nuestra historia, mundial, del país y la región", mencionó en su artículo mensual, publicado en diario El Día, el Arzobispo René Rebolledo Salinas.

Con el Miércoles de Ceniza, este año el 17 de febrero, iniciamos en la Iglesia la Cuaresma, el día cuadragésimo antes de la Pascua, del latín cuadragesima dies. Estos especiales días de gracia y bendición del Señor culminarán, Dios mediante, el Jueves Santo por la tarde, vale decir, el 1 de abril próximo, antes de la Misa vespertina del Señor, solemne celebración con que comienza el Triduo Pascual.

La Cuaresma tiene antecedentes bíblicos relacionados con el número 40, ante todo los cuarenta días del diluvio previos a la alianza con Noé, Moisés y los 40 días en el monte, el pueblo de Israel y los cuarenta días por el desierto y otros acontecimientos, pero sobre todo, los 40 días de nuestro Señor en el desierto, previos a comenzar su misión mesiánica.

La Cuaresma mira hacia la Pascua, la celebración por excelencia en la Iglesia -corazón del año litúrgico- la triunfante resurrección del Señor, misterio fundamental de nuestra fe. Lo celebramos cincuenta días, desde el Domingo de Pascua –este año el 4 de abril- y hasta Pentecostés -23 de mayo-.

La Cuaresma es la óptima oportunidad –una ocasión extraordinaria cada año- para la preparación personal, familiar y comunitaria a vivir con gozo el misterio fundamental en la vida de nuestro Señor y de nosotros sus discípulos misioneros, su triunfante Resurrección.

Tengamos presente que en las semanas de cuaresma somos invitados a una renovación interior, como el modo óptimo de preparación para vivir con intensidad la Pascua. Los aspectos tradicionales que favorecen tal preparación son la oración más intensa, la práctica del ayuno y la limosna.

Para intensificar la oración contemplamos la entrega de Jesús por nosotros y por nuestra salvación (Credo). Se trata, en efecto, corresponder al amor de Cristo con nuestro acompañamiento fiel. Para ello, nos ayudan algunos medios, como la lectura periódica y frecuente de su Palabra, espacios prolongados para estar con Él, participación más asidua de la celebración de la santa Eucaristía, dando primacía a la del domingo, día del Señor. En nuestras comunidades destaca el rezo del Vía Crucis, especialmente los días viernes.

Igualmente, se presenta el ayuno como otra de las prácticas valiosas y tradicionales en la Iglesia que, como hemos aprendido de la enseñanza bíblica, debe alcanzar el corazón y no solamente el cumplimiento de un mero rito: “el sacrificio que te agrada es un espíritu quebrantado, un corazón arrepentido y humillado, oh Dios, no lo desprecias” (Sal 51(50), 19)

La limosna tiene entre nosotros una expresión hermosa y particular. Desde la Conferencia Episcopal se invita a ser parte de la Campaña Cuaresma de Fraternidad. Cada tres años se definen los destinatarios, hermanas y hermanos a los cuales estamos convocados salir a su encuentro. Para el trienio 2019-2021 tenemos el compromiso de aportar para los inmigrantes en situación de vulnerabilidad. Estamos conscientes que en los últimos años han arribado a nuestro país miles de personas procedentes de diversos países. En general, hemos sido acogedores con ellos en nuestras comunidades, siguiendo la enseñanza bíblica: Cuando un emigrante se establezca entre ustedes en su país, no lo opriman. Será para ustedes como uno de sus compatriotas: lo amarás como a ti mismo, porque ustedes fueron emigrantes en Egipto. Yo soy el Señor, su Dios (Lv 19, 33-34).

La Campaña tiene como lema: “Tu aporte y el nuestro, esperanza de todos”. Al iniciar la Cuaresma llevemos a nuestros hogares la tradicional cajita y depositemos en ella la colaboración solidaria, fruto de nuestras privaciones del Tiempo de Cuaresma y salgamos juntos a mitigar las necesidades de numerosos hermanos migrantes que tampoco pueden esperar.

La Cuaresma de este año nos encuentra inmersos en uno de los momentos más tristes y complejos de nuestra historia, mundial, del país y la región. La viviremos aún en medio de las consecuencias de la pandemia del COVID-19. Como he manifestado en otras columnas de este diario, nos unimos como comunicad católica al dolor de las miles de familias que sufren por la pandemia, especialmente a las que han perdido un ser querido. Que ellos descansen en la paz del Señor y sus familiares encuentren en la fe, fortaleza para seguir el camino de la vida.

Tendremos presente también a quienes han sufrido las consecuencias de los aluviones en el centro y sur del país, como a los que en nuestra región imploran del Señor la nieve y el agua. Sin duda, las determinaciones de las autoridades competentes al respecto, traerán una renovada esperanza.

A todos les deseo las bendiciones del tiempo de Cuaresma.



    
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