Domingo 19 de Diciembre, 2021

Cuarto domingo de Adviento

 


El Arzobispo René Rebolledo, en su columna dominical, destacó la bendición que significa para los discípulos misioneros del Señor el Evangelio de la Visitación.

Con este domingo, la comunidad cristiana entra a la cuarta semana de preparación para la gran solemnidad de la Natividad de nuestro Señor. Son los últimos seis días de Adviento, tiempo de gracia y bendición que finaliza poco antes de la vigilia de la Natividad, el viernes 24 por la tarde.

En los primeros 16 días del Adviento -iniciado en las vísperas del domingo 28 de noviembre- los textos bíblicos y litúrgicos favorecieron la mirada de los fieles hacia el fin del mundo y la historia -la segunda venida de nuestro Salvador-, mientras a partir del pasado viernes 17, en la preparación para la gran solemnidad de la Natividad.    

Se proclama en las celebraciones de hoy el evangelio de Lucas 1, 39-45, conocido como de la Visitación, la Virgen que visita a su prima Isabel. El acontecimiento bíblico ofrece numerosas perspectivas plenas de significado y profundas enseñanzas para los discípulos del Señor en todos los tiempos, entre ellos, por gracia de Dios, nos contamos también nosotros.

La Virgen María, consciente del embarazo de su prima Isabel, se dirige apresurada “a la serranía, a un pueblo de Judea” (v. 39),  para manifestar cercanía y ofrecer ayuda, generosa y desinteresada, como la que concretan miles de mujeres en nuestros pueblos y ciudades. Entra en la casa de Zacarías y saluda a Isabel su prima. ¿Qué hay más de humano y cercano que un saludo afectuoso y respetuoso? Es la Virgen que saluda, Ella también en estado de gravidez, esperando a Jesús, el Mesías, el Salvador del mundo. Dos mujeres santas -la Virgen e Isabel- dos niños concebidos -también santos- Juan y Jesús. El mismo Jesús diría años más tarde refiriéndose a Juan que “entre los nacidos de mujer ninguno es mayor que Juan” (Lc 7, 28).

Maravillosa es la respuesta de Isabel al saludo de María: “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre” (v. 42). Al oír el saludo de la Virgen, Isabel con profunda humildad se pregunta: “¿Quién soy yo para que me visite la Madre de mi Señor?” (v. 43). Sin duda, la conciencia de que la Virgen es la portadora de Cristo produce en Isabel estos sentimientos de sencillez, humildad y profunda fe, dado que delante de la Virgen prorrumpe en una alabanza: “¡dichosa tú que creíste! Porque se cumplirá lo que el Señor te anunció” (v. 45).

A las puertas de la Navidad es una gran bendición para nosotros acoger en este día el evangelio de la Visitación, pues María e Isabel en este acontecimiento bíblico nos ofrecen perspectivas para nuestra vida de discípulos misioneros del Señor, como ellas. La Virgen María, en su actitud de cercanía y servicio a Isabel, nos enseña a ser reconocidos a miles de mujeres que en nuestros días solidarizan con otras en estado de gravidez. Todos podemos aprender de este ejemplo y acudir a las necesidades de nuestros hermanos solidarizándonos con ellos, como uno de los aspectos que favorecen la preparación del pesebre interior para acoger en nuestro corazón al Hijo de Dios que nos trae los dones de la paz y el amor. 



    
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