Domingo 08 de Enero, 2023

Epifanía del Señor

 


“La Epifanía simboliza la presentación del Niño recién nacido, como Hijo de Dios y salvador, a todos y a cada hombre. La luz que ha llevado a los sabios de oriente hasta Belén de Judea, es un desafío personal y universal para ir en su búsqueda”.

Columna del Arzobispo de La Serena Mons. René Rebolledo Salinas

Hace dos semanas celebramos Nochebuena y la Natividad de nuestro Señor. En comunidad -unidos a la Iglesia universal- hemos acogido el gran don del Padre: su Hijo Jesús.

Los días viernes 23 al lunes 26 de diciembre de 2022 tuvimos la gran alegría de vivir como Arquidiócesis la Fiesta Grande en honor a la Chinita de Andacollo, felizmente este año sin límites de aforo. Miles de peregrinos, devotos, miembros de los bailes religiosos, anderos, guardias de honor; participamos también este año de un acontecimiento eclesial extraordinario, admirando la obra de Dios en su Hijo Jesucristo y en la Virgen santa, como en su Iglesia y en sus discípulos misioneros. La convocatoria, con presencia de hermanas y hermanos provenientes de diversas latitudes, culminó el lunes 26 con la Eucaristía, la procesión y el homenaje a la Virgen de la Montaña. A lo largo del año tendremos presente el rostro sereno de la Virgen y su intercesión por nosotros ante su Hijo, que colma nuestra esperanza.

El domingo pasado -1 de enero- celebramos la solemnidad de “Santa María, Madre de Dios” y la 56 Jornada Mundial de la Paz, bajo el lema que propusiera el Papa Francisco: “Nadie puede salvarse solo. Recomenzar desde el COVID-19 para trazar juntos caminos de paz” (www.vatican.va).

Es en este clima de alegría y esperanza, que vivimos este domingo la solemnidad de la Epifanía del Señor. Mañana -lunes 9 de enero- con la memoria de su bautismo, finaliza el tiempo litúrgico de Navidad.

Los textos bíblicos que acogemos en estos días nos ayudan en gran medida para entrar más profundamente a contemplar el misterio de la encarnación del Hijo de Dios.

Celebramos hoy la Epifanía del Señor. La palabra Epifanía es de origen griego y se traduce como manifestación. Los primeros a quienes Dios se manifestó en el nacimiento de su Hijo fueron los más humildes de Israel, a los pastores que pasaban la noche en vela al cuidado de sus rebaños, en las palabras del ángel: “Hoy les ha nacido en la Ciudad de David el Salvador, el Mesías y Señor” (Lc 2,11). Ahora convoca, por la luz de su estrella, a hombres sabios de otros pueblos que lo buscan preguntando: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Vimos su estrella en el oriente y venimos a adorarle” (Mt 2,2). A la sencillez del homenaje de los pastores (cfr. Lc 2,15-29), se suma la magnificencia de la adoración de los sabios. Los presentes ofrecidos en el modesto recinto, son regalos para la realeza… “oro, incienso y mirra” (Mt 2, 11)”.

La Epifanía simboliza la presentación del Niño recién nacido, como Hijo de Dios y salvador, a todos y a cada hombre. La luz que ha llevado a los sabios de oriente hasta Belén de Judea, es un desafío personal y universal para ir en su búsqueda. Invito a los amables lectores a asumir el reto con el mismo entusiasmo de las grandes convocatorias de Nochebuena, del día de la Natividad de nuestro Señor y de la Fiesta Grande en Andacollo. Sabemos bien que en el camino encontraremos las trampas que representó el rey Herodes para los sabios. Si no separamos nuestra mirada de la luz divina, podremos entrar en nuestra casa y ver al Niño con su madre María y a san José en el Pesebre. Procuremos perpetuar aquella adoración de la que hacemos memoria en la celebración de Epifanía  en los días de nuestra vida.


    
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