Domingo 02 de Abril, 2023

“Para iniciar con la Iglesia la celebración del misterio pascual de nuestro Señor”

 


“No anunciamos a nuestros contemporáneos otra verdad sino este testimonio bíblico:¡Cristo ha resucitado! (Mt 28, 6)", destacó en su columna dominical el Arzobispo René Rebolledo Salinas.

En este domingo dos de abril -unidos a la Iglesia  universal- celebramos el  Domingo de Ramos en la Pasión del Señor. Comenzamos a vivir la Semana Santa o Semana Grande, como bien resalta la monición que realiza quien preside la celebración: “Para iniciar con la Iglesia la celebración del misterio pascual de nuestro Señor”. Comprende algunos días del tiempo de Cuaresma, hasta el Jueves Santo con la misa de la Cena del Señor, exclusive, y otros del Triduo Pascual, desde La Cena del Señor, la Vigilia Pascual y el Domingo de Resurrección.

Dos son las dimensiones que debemos tener presente en Domingo de Ramos. Resalta la alegría y el júbilo en las alabanzas que la multitud dirige al Señor en su entrada triunfal a la ciudad de Jerusalén. Escucharemos este año el anuncio en boca del evangelista Mateo: “La multitud, delante y detrás de Él, aclamaba: ¡Hosana al Hijo de David! Bendito el que viene en nombre del Señor. ¡Hosana en las alturas! (Mt 21, 9). Sin olvidar, la segunda dimensión que nos harán presente los textos bíblicos sobre el gran misterio del dolor en la vida de nuestro Señor, particularmente su pasión y muerte. Este aspecto se resalta en la lectura que se realiza de la Pasión, apenas comenzada la celebración (cfr. Mt 26,3-5. 14-27,66). Contemplamos al Señor que inicia de este modo la última semana de su vida terrena manifestando total disposición a cumplir su misión, extender sus brazos en la cruz, muriendo en ella por amor al Padre Eterno y a todos nosotros. En cada santa Misa, hacemos memoria de este gran misterio de nuestra fe.

Nuestra vida comporta -en numerosos aspectos- cargar como Cristo con la cruz de cada día. Obviamente, de ningún modo en la dimensión que Él ha asumido su propio camino de cruz. Se trata del Hijo de Dios que es abandonado, particularmente por quienes Él había llamado y escogido para compartir su misión; la crueldad que se manifiesta en los castigos que recibió, entre otros. Sin embargo, también nosotros cargamos nuestra propia cruz, nuestro dolor y también el abandono. Obviamente, numerosas son las personas que sufren aun mucho más que nosotros. Acompañémoslas con nuestra presencia, cercanía, ayuda y  oración.  

En esta Semana Santa que iniciamos nos renovamos en la esperanza. Sabemos que la cruz no es el final del camino, sino que el triunfo es de la vida, la luz y la Pascua. Por amor al Padre Eterno y a nosotros nuestro Señor ha vencido el dolor y sufrimiento, el abandono y la misma muerte. Por ello, Dios mediante, el sábado 8 de abril celebraremos la Vigilia Pascual y el domingo 9 la Pascua de Resurrección del Señor. Con Él participamos de los frutos de la Resurrección. En efecto, somos hijos de la Resurrección por el bautismo. Vivimos después de la Resurrección y a causa de ella. No anunciamos a nuestros contemporáneos otra verdad sino este testimonio bíblico: ¡Cristo ha resucitado! (Mt 28, 6). ¡Sí, verdaderamente ha resucitado! (cfr. Lc 24,34). Es nuestra esperanza participar un día de su gloriosa resurrección.


    
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