Domingo 02 de Enero, 2022

Primer Domingo del nuevo año

 


En su primera columna dominical del 2022, el Arzobispo René Rebolledo invitó a los lectores "manifestar en este día profunda gratitud al Señor.

Como comunidad de discípulos misioneros del Señor, nos hemos presentado con gratitud ante el Altar el viernes 31 de diciembre, finalizando el año 2021. Conscientes del gran amor del Señor por cada uno de nosotros, le hemos agradecido particularmente por sus innumerables bendiciones. Confiamos a su misericordia a quienes en estos días están sufriendo, corporal o espiritualmente, en especial a los contagiados por el COVID-19. Particular oración por las hermanas y hermanos fallecidos a causa de la pandemia. Le solicitamos al Señor fortaleza para  sus queridos deudos.

Ayer sábado 1, celebramos la primera Eucaristía de este año en el templo Catedral, teniendo presente que el 2022 es también Año del Señor. Por ello, a los amables lectores les deseo todo bien con la bendición bíblica: “El Señor te bendiga y te guarde, el Señor te muestre su rostro radiante y tenga piedad de ti, el Señor te muestre su rostro y te conceda la paz” (Nm 6, 24-26).

Hoy celebramos unidos a la Iglesia Universal la solemnidad de la Epifanía del Señor. Su nombre proviene del griego -epi y faino-, en nuestro idioma brillar, manifestarse. Los textos bíblicos que la comunidad acoge en la celebración eucarística, nos ayudan a entrar más profundamente en el misterio de esta hermosa celebración.

El Señor Dios que se manifestó en primer lugar a los pastores en la noche de Belén (Cfr. Lc 2, 8-12), convoca a hombres sabios -por la luz de la estrella- los magos de oriente (Cfr. Mt 2, 1-12). Es significativo el hecho que al humilde homenaje de los pastores, se una la magnificencia de la adoración de los magos.

Bella celebración la de hoy, memoria de la presentación y manifestación del recién nacido en Belén como Dios y Salvador a todos los pueblos y naciones, a cada mujer y hombre en todos los tiempos. Él, en efecto, es la plenitud de los tiempos -días, meses y años, siglos- como también y sobre todo de nuestras vidas.

Invito a los amables lectores que profesan la fe a manifestar en este día profunda gratitud al Señor por este don, también a los queridos padres y familiares que en gran medida han sido mediaciones importantes en su transmisión, a catequistas, sacerdotes y a otras personas que nos han estado cerca a lo largo de nuestra vida con su ejemplo, palabra y testimonio personal.

Ante tan gran don, proseguimos poniéndonos en camino -como los magos de oriente-  buscando, apoyados en la gracia y bendición del Señor, su luz y verdad, asumiendo también los desafíos que ello pudiere significar. El Niño de Belén, Cristo nuestro Salvador, nos acoge con sus brazos abiertos, manifestándonos su amor y el de su Padre, su bondad y misericordia, ofreciéndonos a todos un porvenir de esperanza, pues Él da plenitud a nuestra vida a quienes se acercan con sencillez, humildad y entregándole su propia vida.


    
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