Domingo 27 de Febrero, 2022

“De la abundancia del corazón habla la boca” (Lc 6, 45)

 


En su artículo dominical publicado en diario La Región, el Arzobispo René Rebolledo reflexiona en torno a los desafíos que ofrece el Señor con miras al inicio del Tiempo de Cuaresma.

En cada domingo la comunidad cristiana es convocada por el Señor para la celebración de la santa Eucaristía, memoria de su Pasión, Muerte y Resurrección. Los fieles expresan sobre todo sentimientos de gratitud por las grandes obras de Dios en la historia de la salvación. Los textos bíblicos escogidos para las celebraciones y leídos en su transcurso, son una ayuda invaluable, dado que ofrecen los contenidos y las perspectivas de las mismas. En este sentido el Salmo 92 (91) que corresponde hoy, favorece crear el clima de gratitud a Dios por su amor y fidelidad: “Es bueno dar gracias al Señor y cantar en tu honor, oh Altísimo, proclamar por la mañana tu amor y durante la noche tu fidelidad” (vv. 2-3).

La primera lectura del Eclesiástico 27,4-7 nos hace presente valiosa enseñanza respecto de cómo sopesar los valores de una persona, de los cuales se resalta que “el hombre se prueba en su razonar… la mentalidad de un hombre en sus palabras” (vv. 5-6), por ello, “no alabar a nadie antes de que razone” (v.7). En parte del Salmo 92, también está presente la alabanza al justo: “El justo florecerá como palmera, crecerá como cedro del Líbano… aun en la vejez dará fruto, estará lozano y frondoso” (vv. 13.15).

El pasaje del evangelio, en boca de Lucas (cfr. Lc 6,39-45) presenta enseñanzas del Señor en comparaciones: “¿Podrá un ciego guiar a otro ciego?

¿No caerán ambos en un hoyo?” (v.39); “El discípulo no es más que el maestro; cuando haya sido instruido, será como su maestro” (v.40); “Cada árbol se reconoce por sus frutos. No se cosechan higos de los cardos ni se vendimian uvas de los espinos” (v. 44). Finaliza el pasaje con una bella valoración de lo interior: “El hombre bueno saca cosas buenas de su tesoro bueno del corazón; el malo saca lo malo de la maldad. Porque de la abundancia del corazón habla la boca” (v. 45).

El Señor nos ha transmitido una vez más su enseñanza. Todas sus palabras son de amor. Se espera de nosotros una respuesta en igual medida. Son dichas, además, con sabia pedagogía y transmitidas con aspectos de la vida diaria. Corresponde, por parte nuestra, acogerlas, procurar discernir bien y practicarlas, fortalecidos con su bendición. Importa contemplar en cuanto es posible la profundidad, vale decir, el interior y menos el exterior, esto significa abrir a los valores que sustentan nuestra vida y la de otras personas.

Efectivamente, vale ante todo, no tanto la palabra o las palabras, tampoco la apariencia, ni la multiplicidad de acciones, aunque sean en vista del bien, sino lo que está en el corazón de cada persona. Si el corazón está pleno de amor, bondad, comprensión, amabilidad, naturalmente fluirán estos valores al trato concreto de cada día con las hermanas y hermanos de camino. ¡Desde el corazón hacia lo cotidiano de la vida!

Que desafiante Palabra nos ofrece el Señor para estos días en que nos preparamos a vivir como comunidad el Miércoles de Ceniza, iniciando así la Cuaresma de este año, una nueva oportunidad para asemejar nuestro corazón al de Cristo, nuestro Señor.


    
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