Domingo 06 de Marzo, 2022

Primer Domingo de Cuaresma

 


Al inicio de este tiempo litúrgico, el Arzobispo René Rebolledo invitó a colaborar en la campaña Cuaresma de Fraternidad.

Celebramos hoy el primer domingo de Cuaresma, tiempo litúrgico que iniciamos el 2 de marzo, Miércoles de Ceniza. Se prolonga este especial tiempo de gracia y bendición hasta el 14 de abril, Jueves Santo, finalizando antes de la Misa de la Cena del Señor.

La comunidad cristiana ve en el Tiempo de Cuaresma una oportunidad propicia de preparación para la Pascua. Esta es la fiesta por excelencia de los discípulos misioneros del Señor, dado que celebramos en ella el misterio fundamental de nuestra fe, su resurrección.     

A lo largo de 40 días la comunidad acompaña al Señor por el camino que lo conduce hasta la cruz, que Él acepta voluntariamente por nuestra salvación. Este tiempo evoca los 40 días de ayuno del Señor en el desierto e igualmente otros acontecimientos bíblicos, muy especialmente los 40 años que el pueblo de Israel peregrinó para llegar a la tierra prometida.

Tradicionalmente los fieles se preparan mediante oración más intensa, práctica del ayuno y la limosna. En las parroquias y comunidades se intensifican las iniciativas para alcanzar este propósito. Se viven especiales momentos de oración para acompañar al Señor. Igualmente, se concretan las prácticas de ayuno y abstinencia. La limosna tiene una forma especial en nuestro país, dado que desde hace años se ha establecido la campaña Cuaresma de Fraternidad. Para los años 2022 – 2024 se ha escogido como lema: Chile tiende la mano a las familias vulnerables.

Confío y espero en que colaboraremos generosamente por el feliz éxito de la campaña Cuaresma de Fraternidad. El aporte de todos, es una esperanza para las familias vulnerables, que más  necesitan de nuestra cercanía, comprensión y ayuda.  

Corresponde como evangelio de hoy, la prueba en el desierto, en la versión de Lucas (cfr. Lc 4, 1-13). Relata el evangelista que Jesús “lleno de Espíritu Santo, se alejó del Jordán y se dejó llevar por el Espíritu al desierto” (v. 1) donde pasó 40 días en ayuno. Sufrió las tentaciones por parte del demonio. En efecto, su vida entera fue una lucha contra el mal. Éstas se dirigen a su condición de Hijo de Dios –su filiación divina- y enviado como el Mesías: “Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan” (v. 3); “Te daré todo ese poder y su gloria… si te postras ante mí, todo será tuyo” (v. 6); “Si eres Hijo de Dios, tírate abajo desde aquí” (v. 9).

En este domingo el Señor nos invita a adentrarnos con Él en el desierto. Esto significa, considerar también en nuestra vida las tentaciones, luchar decididamente contra ellas, facilitando de este modo el encuentro con nuestro Dios y Señor. Nos anima el ejemplo de Jesús. En efecto, la revelación bíblica atestigua que Adán falló, también el pueblo de Israel y numerosos otros personajes presentes en los episodios relatados en la Escritura. Por desgracia, también nosotros constatamos que hemos fallado, que somos débiles y podemos caer nuevamente, sin embargo, nuestro Maestro ha vencido la tentación. Tal victoria de Jesús es por su fidelidad al Padre y a la misión que Él le había encomendado. Esto significa que su vida entera es una lucha contra el mal. Él nos señala el camino y brinda la esperanza para vencer también nosotros nuestras tentaciones. La fortaleza de nuestro Señor está en el hecho que su existencia la refiere al Padre Eterno, siempre en sus manos… Este es el camino fundamental que Él nos señala: confianza y fortaleza en Dios su Padre. Mirando a Cristo, también nosotros estamos llamados a celebrar la victoria, venciendo la tentación, nuestras tentaciones.


    
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