Domingo 17 de Julio, 2022

Marta y María

 


En su columna dominical, el Arzobispo René Rebolledo reflexionó que "la Palabra del Señor nos dará la orientación precisa, ante la acción importante de atender a todos y el tiempo necesario para escucharlo a Él”.

En este tercer domingo de julio -después de haber celebrado con gran alegría en el día de ayer a nuestra Señora del Carmen, Madre y Reina de Chile- la comunidad cristiana vive el 16° domingo del Tiempo Ordinario. Corresponde la proclamación en los actos litúrgicos, especialmente  en la Eucaristía, el Evangelio de Lucas 10, 38-42, texto que sigue al del domingo precedente (cfr. Lc 10, 25-37), de la parábola del buen samaritano.

En la subida a Jerusalén –capitulo 9 al 19 de Lucas- encontramos la bella enseñanza sobre el amor al prójimo en la parábola citada, como también el signo de la hospitalidad a que hace referencia el evangelio de hoy, proclamación preparada por la primera lectura de Génesis 18, 1-10, la hospitalidad que Abraham brindara a tres personajes, que en realidad aparecen como uno solo. El bello texto relata que Abraham ha proveído de cuanto la hospitalidad oriental requería: agua para los pies, descanso bajo el árbol, pan para recobrar las fuerzas, carne, cuajada, leche, un ternero guisado (cfr. vv. 4-7).

El evangelio es el conocido texto de la hospitalidad ofrecida al Señor por Marta y María, hermanas de Lázaro. De cada una, se describe su actitud: “María, sentada a los pies del Señor, escuchaba sus palabras; Marta ocupada en los quehaceres de la casa” (vv. 39-40). Marta se empeña en la acogida y hospitalidad presentando queja al Señor: “Maestro, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en los quehaceres? Dile que me ayude” (v. 40). El Señor le responde con una frase conocida entre nosotros: “Marta, Marta, te preocupas y te inquietas por muchas cosas, cuando una sola es necesaria. María escogió la mejor parte y no se la quitarán” (vv. 41-42). Siendo buenas las actitudes de ambas mujeres, puesto que las dos están brindando hospitalidad al Señor, Él ofrece su enseñanza poniendo el acento en la escucha que es “la mejor parte y no se la quitarán”.

Este domingo es una oportunidad propicia para reflexionar sobre los temas importantes que emergen de estos pasajes bíblicos. Ante todo, la hospitalidad. En nuestra vida, normalmente debemos comenzar por los aspectos humanos, el saludo, la atención y acogida fraterna, el interés demostrado por el huésped, el saber escuchar, el atender a necesidades diversas… el ofrecer con atención y dedicación lo poco o abundante que se pudiera tener. Nuestro pueblo es atento y cordial, cariñoso y fraterno, amable y muy sencillo al compartir. ¿Somos también acogedores? ¿Cómo atendemos a los huéspedes? ¿Le dedicamos tiempo? ¿Nos ejercitamos en la escucha? Es posible que algunas hermanas y hermanos precisen más de nuestro tiempo y atención, como pudieren ser personas mayores o inmigrantes. La atención y la escucha ofrecida, generalmente es reconocida con sentimientos de gran gratitud.

Somos una comunidad creyente, vivimos después de la resurrección y a causa de ella. No tenemos, por así decirlo, la posibilidad de hospedar físicamente al Señor. Corresponde a nosotros salir a su encuentro y acogerlo en la fe, posibilitada por Él mismo. La Palabra del Señor nos dará la orientación precisa, ante la acción importante de atender a todos y el tiempo necesario para escucharlo a Él. La celebración eucarística es la óptima instancia para acoger su Palabra en el corazón, compartirla en comunidad y procurar vivirla en el servicio a las hermanas y hermanos de camino.


    
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