Martes 16 de Agosto, 2022

Exigencias del seguimiento

 


“¡El Señor siempre nos sorprende en su Palabra! Para seguirlo en su camino, sus discípulos misioneros requieren renovar con frecuencia la opción fundamental de su adhesión. Su seguimiento se concreta a partir de un encuentro con Él, que cambia la vida”, destacó en su tradicional columna dominical, el Arzobispo René Rebolledo Salinas.

En este segundo domingo de agosto, la comunidad cristiana celebra el 20° del Tiempo Ordinario. Por la tarde, la Misa de la vigilia en vísperas de la Asunción de la Virgen María. La antífona de entrada de esa celebración presenta en una breve síntesis el misterio del cual la comunidad hace memoria: “Virgen María, de ti se han dicho maravillas, porque hoy fuiste llevada al cielo y triunfas con Cristo para siempre”. En efecto, Ella es la primera en ser recibida por su Hijo en el cielo; es asunta por Dios y está junto a su Hijo. Este misterio abre también nuestro futuro; nos espera por gracia de Dios, estar junto a Jesús y a su santa Madre en el cielo.

Se proclama en el evangelio el pasaje de Lucas  12, 49-53. Son apenas cinco versos, esto indica que siendo breve anuncia un mensaje exigente y de numerosas perspectivas, como lo fue para los discípulos de aquel entonces, la Iglesia en todos los tiempos y para quienes adherimos en la fe hoy a Cristo el Señor.

Los versos son afirmaciones sorprendentes de nuestro Señor. Todos ellos señalan exigencias radicales para quien quiere seguirlo: “Vine a traer fuego a la tierra, y, ¡cómo desearía que ya estuviera ardiendo!” (v. 49), para continuar con otra frase, a primera vista desconcertante: “¿Piensan que vine a traer paz a la tierra? No he venido a traer la paz sino la división” (v. 51). Seguirlo a Él comportará división incluso en la propia familia: “En adelante en una familia de cinco habrá división: tres contra dos, dos contra tres. Se opondrán padre a hijo e hijo a padre, madre a hija e hija a madre, suegra a nuera y nuera a suegra” (vv. 52-53).

Si contemplamos otros pasajes de los evangelios, de Juan por ejemplo, “la paz les dejo, les doy mi paz, y no como la da el mundo” (Jn 14, 27), sorprenden aún más las afirmaciones del Señor en el pasaje proclamado en este día. Lo mismo la referencia al fuego que vino a traer y al anhelo manifestado, “¡cómo desearía que ya estuviera ardiendo!” (v. 49). Nos pone en guardia también sobre la división que se producirá por seguirlo y ser fieles a Él.

Contamos en este domingo con la oportunidad para recibir con ánimo grato la Palabra del Señor, reflexionarla y disponernos a hacerla vida entre nosotros. ¡El Señor siempre nos sorprende en su Palabra! Para seguirlo en su camino, sus discípulos misioneros requieren renovar con frecuencia la opción fundamental de su adhesión. Su seguimiento se concreta a partir de un encuentro con Él, que cambia la vida. El fuego encendido que desea “ya estuviera ardiendo” es el fervor, la opción clara y firme de seguirlo a Él en todo. También a nosotros nos llamará bienaventurados si trabajamos por la paz (cfr. Mt 5, 9), naturalmente no como la da el mundo, a fuerza de compromisos, sino la que Él ofrece en su condición de resucitado, que anunciara con su presencia, Palabra, vida y obras. ¡La fe comporta estas exigencias radicales! El Señor, nos fortalecerá para contar con la luz de su Espíritu y afrontarlas decididamente.  


    
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