Martes 06 de Septiembre, 2022

Desafíos pastorales en septiembre

 


“En este día de trascendental importancia para nuestro querido país rogamos a la Virgen santa Nuestra Señora del Carmen, interceda por nosotros ante su Hijo Jesucristo. Sigamos trabajando por el bien de Chile, aceptemos los resultados del plebiscito, evitemos la violencia y procuremos el diálogo para seguir construyendo la gran nación de hermanos que anhelamos”, expresó en su columna dominical, el Arzobispo René Rebolledo.

La comunidad cristiana inicia el noveno mes del año con varios desafíos pastorales a la vista. Ante todo, celebra hoy el 23° domingo del Tiempo Ordinario con la santa Eucaristía al centro de la jornada. En ella tendrá presente el inicio del Mes de la Palabra, que se vivirá bajo el lema: “Danos, Señor, un corazón oyente” (1Re 3,9). La Comisión Arquidiocesana respectiva, ha elaborado un programa que tiene como finalidad favorecer en las comunidades la centralidad de la Palabra, tanto en las celebraciones como en la evangelización: Que los discípulos misioneros del Señor nos familiaricemos con la Palabra y busquemos amarlo a Él presente en ella, siguiendo su enseñanza.

En este mes su servidor invita especialmente a la celebración de la santa Eucaristía, que se ofrece por el presente y porvenir de nuestra patria. Ante el altar del Señor damos gracias por los innumerables beneficios y bendiciones con que Él nos favorece hasta hoy.

Se proclama en la celebración de este domingo Lucas 14, 25-33, variadas exigencias para sus discípulos en el camino de su seguimiento, dichas ante “una gran multitud” (v. 25). La primera de ellas es en relación a la prioridad que se debe dar a Él, antes incluso que a la propia familia: “Si alguien viene a mí y no me ama más que a su padre y su madre, a su mujer y sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo” (v. 26). Los sentimientos de gratitud, afecto y cercanía a nuestras familias los debemos mantener siempre, mientras vivamos; también el autocuidado de nuestra propia vida. Sin embargo, deben estar subordinados al seguimiento de Jesús. Todos ellos, valores buenos y nobles, mas son relativos. En la vida en muchas ocasiones se nos puede presentar un discernimiento complejo, entre la fidelidad al Señor y las opciones familiares o sociales, sin embargo, el amor a Dios, -consecuentemente a su Hijo Cristo el Señor-, es prioritario. Luego, para seguirlo a Él es preciso cargar la propia cruz: “Quien no carga con su cruz y me sigue no puede ser mi discípulo” (v. 27). Ofrece el Señor a sus oyentes dos comparaciones sobre la necesidad de calcular con los gastos si pretende construir, pues si no tiene suficiente para terminar se burlarán de él. Lo mismo un rey que declara guerra a otro, pondera si puede atacar con determinado número de fuerzas. De lo contrario, cuando aún es tiempo, envía delegación pidiendo la paz. Concluye el Señor con la enseñanza: “Lo mismo cualquiera de ustedes: quien no renuncie a sus bienes no puede ser mi discípulo” (v. 33).

Son algunos de los presupuestos que exige el Señor a quienes desean ser sus discípulos. En otros pasajes plantea otras exigencias. Estas se deben asumir por amor a Él y a su evangelio. Efectivamente, en numerosas ocasiones, hechos y circunstancias nos corresponde tomar la cruz y seguirlo, renunciando incluso a aspectos buenos y legítimos, entregando la propia vida para encontrar en  Él su plenitud y la felicidad que anhela nuestro corazón.

A partir del evangelio, como de las iniciativas pastorales, especialmente relativas al Mes de la Palabra contamos con perspectivas profundas para reflexionar y desafíos que asumir.    

En este día de trascendental importancia para nuestro querido país rogamos a la Virgen santa Nuestra Señora del Carmen, interceda por nosotros  ante su Hijo Jesucristo. Sigamos trabajando por el bien de Chile, aceptemos los resultados del plebiscito, evitemos la violencia y procuremos el diálogo para seguir construyendo la gran nación de hermanos que anhelamos.   


    
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