Martes 11 de Octubre, 2022

¿Ninguno volvió a dar gloria a Dios, sino este extranjero? (Lc 17, 18)

 


En la columna dominical, el Arzobispo René Rebolledo anheló que “podamos también nosotros en este día, después de manifestar nuestro agradecimiento a Dios, escuchar la voz de nuestro Maestro: 'Ponte de pie y vete, tu fe te ha salvado'”.

 En este segundo domingo de octubre la comunidad cristiana vive el 28° del Tiempo Ordinario. Mientras el Mes de las Personas Mayores prosigue su curso, también concretando los programas preparados a propósito en las parroquias y comunidades, finaliza hoy la Semana de la Familia, a la cual dimos inicio el pasado sábado 1, bajo el lema: “La alegría del amor”. Por mi parte, agradezco a la Comisión Arquidiocesana Pastoral Familiar, como a los representantes de las vicarías en esta instancia pastoral. De igual modo, al Pbro. Arturo Zambrano, en su misión de asesor. Confiamos y esperamos que las actividades realizadas en nombre del Señor, traigan hermosos frutos. Seguimos rezando por el bien de la familia, que tenga la fortaleza de afrontar los numerosos desafíos que se le presentan en nuestros tiempos.

De numerosas perspectivas es el pasaje del evangelio de Lucas 17, 11-19, que se proclama en todas las celebraciones de hoy, especialmente en las santas Misas. El relato es la sanación de diez leprosos. Lucas -como lo recuerda con frecuencia- señala que el Señor “camino hacia Jerusalén” (v. 11) -tengamos presente que son los relatos de los capítulos 9 al 19 de su evangelio-, va presentando su enseñanza y exigencias en su seguimiento. Los leprosos que le salen al encuentro, alzan la voz y lo imploran: “Jesús, Maestro, ten piedad de nosotros” (v. 13). “Vayan a presentarse a los sacerdotes” (v. 14), es la palabra del Señor, obrando el portento de la sanación, “mientras iban, quedaron sanos” (v. 14). Diez fueron los sanados, más solo uno -extranjero- vuelve a dar gracias al Señor: “Uno de ellos, viéndose sano, volvió glorificando a Dios en voz alta, y cayó a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias. Era samaritano” (vv. 15-16). Pregunta el Señor: “¿No recobraron la salud los diez? ¿Y los otros nueve donde están? ¿Ninguno volvió a dar gloria a Dios, sino este extranjero?” (vv. 17-18). Y alaba el Señor su fe: “Ponte de pie y vete, tu fe te ha salvado” (v.19).

La lección que da el Señor es para los suyos -su pueblo- el pueblo elegido de Dios, quienes menos saben agradecer sus dones, mientras hay extranjeros -como el samaritano- que con su actitud de agradecimiento demuestra su apertura a la fe.

Entre numerosas perspectivas de este pasaje bíblico, los invito a interceder con el grito de los leprosos: “Jesús, Maestro, ten piedad de nosotros “(v. 13), fórmula semejante a la aclamación con la cual iniciamos cada celebración eucarística. Al elevarla tomemos conciencia de que somos débiles, frágiles  y pecadores. De igual modo, tengamos presente que es la súplica de tantos pobres y necesitados que cada día se eleva al Señor. Luego, que es importante ser y manifestarnos agradecidos ante Dios, nuestras familias, y también en la comunidad. Se trata de una actitud, responder al inmenso amor de Dios que me lleva y nos lleva en sus manos. Finalmente, destacar que otras personas, como en el evangelio el samaritano -no perteneciente al pueblo elegido- se demuestran agradecidos y vuelven a dar gloria a Dios, abriéndose de este modo a la fe.

Podamos también nosotros en este día, después de manifestar nuestro agradecimiento a Dios, escuchar la voz de nuestro Maestro: “Ponte de pie y vete, tu fe te ha salvado” (v. 19).


    
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