Lunes 02 de Mayo, 2022

Día de las trabajadoras y trabajadores

 


El Arzobispo René Rebolledo Salinas, aprovechó su columna mensual en diario El Día para saludar a la comunidad en la conmemoración que tuvo lugar este domingo 1 de mayo.

En el Día de las trabajadoras y trabajadores, que conmemoramos el domingo 1 de mayo, los saludo muy cordialmente, junto a sus apreciadas familias.

En feliz coincidencia corresponde esta conmemoración anual en el domingo 3° de Pascua. Les deseo la alegría y las bendiciones del Tiempo Pascual. La comunidad cristiana celebra con gozo la resurrección de su Señor, que ha vencido al dolor y a la muerte. Jesús resucitado colma los anhelos del corazón, es nuestra victoria y esperanza. La paz que Él ofrece les acompañe en sus familias y en todo lo que emprendan para el digno sustento propio y el de los suyos.

Les comparto que en las celebraciones de este domingo, las comunidades cristianas oirán un pasaje del evangelio de Juan  (cfr. Jn 21, 1-14). Refiere que los apóstoles después de una noche infructuosa por no haber pescado nada, siguiendo la Palabra del Señor, lanzaron la red y obtuvieron una pesca abundante: “Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán. Tiraron la red y era tanta la abundancia de peces que no podían arrastrarla” (v. 6).

Los invito a reflexionar sobre las enseñanzas que esta página evangélica nos ofrece, perspectivas entusiasmantes, significativas y siempre actuales. Ante todo, la obra humana sostenida por la bendición y gracia divina. Lo que no logra conseguir el hombre, no obstante, sus grandes capacidades, dones, talentos, donde a la vez es tan significativo el desarrollo científico y tecnológico, gracias al Señor es posible. En efecto, en Lucas 1, 37 leemos: “Nada es imposible para Dios”.

Otra enseñanza se puede extraer de tan bella página bíblica: Si el Señor está presente sus discípulos logran pesca abundante. Cuando no lo está “no pescaron nada” (v.3). Su Palabra  permanece para siempre: “separados de mí no pueden hacer nada” (Jn 15, 5).

Reflexiono también con ustedes contemplando los innumerables trabajos y oficios, servicios y profesiones. Cada cual responde en la tarea asumida a un llamado de Dios a colaborar corresponsablemente en su obra creadora. Jesús, el Señor, en su ejemplo, Palabra y obras dignificó el trabajo, pero muy especialmente a la trabajadora y al trabajador. Por ello, al asumirlo con todo lo que pudiere significar, es preciso procurar realizarlo en nombre del Señor resucitado. ¡Su presencia anima y fortalece!

En nombre del Señor resucitado la pesca será asombrosa, la cosecha abundante, la carga más llevadera, el sufrimiento encontrará un sentido. ¡Él da la bendición y la eficacia al esfuerzo, sacrifico, entrega generosa y desinteresada de cada uno de nosotros!

La conmemoración anual del Día de las trabajadoras y trabajadores nos encuentra inmersos aún en una pandemia que nos ha causado tanto sufrimiento, también en estos días. La entrega generosa de tantos, que se ha manifestado de mil modos, nos renueva en la esperanza de un presente y porvenir fraterno y solidario. Junto con proseguir acompañándonos mutuamente en momento de tanto dolor, con audacia y creatividad potenciemos en medio nuestro aquellos aspectos que valoramos como buena enseñanza y que nos pueden favorecer.

Reitero a todos mis cordiales felicitaciones y les deseo que sus justas expectativas y anhelos sean cumplidos, para bien de cada uno y de sus apreciadas familias.

¡En el nombre del Señor adelante!

Los confío, junto a sus apreciadas familias, a San José obrero, que los custodie como lo hiciera con Jesús y la Virgen santa. 


    
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