Domingo 05 de Junio, 2022

El Espíritu Santo da vida, sostiene y renueva la Iglesia

 


Columna del Arzobispo René Rebolledo, en la que hace hincapié que en Pentecostés “la comunidad invoca que la venida del Espíritu Santo renueve a todos sus miembros, impulsándolos a ser verdaderos y auténticos discípulos misioneros del Señor”.

En este domingo la comunidad cristiana celebra la solemnidad de Pentecostés, siete semanas después del gran acontecimiento de la resurrección del Señor. En griego la palabra significa día quincuagésimo -siete por siete más uno- que es plenitud para el mundo judío. Efectivamente, a los cincuenta días de la salida de Egipto -bajo la guía de Moisés- el pueblo elegido celebró la alianza sellada con el Señor en el Monte Sinaí. Sus discípulos misioneros, a los cincuenta días después de la Pascua de su Señor, hacen memoria del envío del Espíritu Santo a la comunidad apostólica en aquel entonces, hoy a quienes adhieren a Él en la fe.

Están previstos para las celebraciones los textos bíblicos siguientes: Hechos de los Apóstoles 2, 1-11; Salmo 103, 1. 24. 29-31. 34; Primera Carta del apóstol Pablo a los Corintios 12, 3-7. 12-13; y el evangelio de Juan 20, 19-23. Estos pasajes bíblicos ilustran el significado que tiene para la Iglesia que nace con la venida del Espíritu Santo este día, también sus perspectivas para los discípulos de todos los tiempos. A ellos se agregan los textos litúrgicos que son hermosos y de variadas perspectivas, favoreciendo que los fieles puedan vivir celebración tan fundamental en la vida de la Iglesia.

El Señor había prometido a los suyos el don del Espíritu Santo, cumple su promesa enviándolo a la primera comunidad. Es el mismo Espíritu por el cual Cristo resucitó, que en Pentecostés obra la transformación de los apóstoles que emprenden fortalecidos la misión: “Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar…” (Hch 2, 4).

En una estupenda síntesis el Prefacio, expresa que el envío del Espíritu Santo es la plenitud del misterio Pascual: “Para llevar a su plenitud el misterio pascual, enviaste hoy el Espíritu Santo sobre aquellos que habías adoptado como hijos, haciéndolos partícipes de la vida de tu Hijo Único”. Enfatiza, además, lo que el Espíritu posibilita, la obra misionera, la comunión y la confesión de una misma fe: “el mismo Espíritu que, al nacer la Iglesia, dio a todos los pueblos el conocimiento del Dios verdadero y unió a las diversas lenguas en la confesión de una sola fe”.    

En este día la comunidad invoca que la venida del Espíritu Santo renueve a todos sus miembros, impulsándolos a ser verdaderos y auténticos discípulos misioneros del Señor. La petición es la expresada en la Oración Colecta: “infunde en el corazón de tus fieles las maravillas que obraste en los comienzos de la predicación evangélica”.

Conscientes que el Espíritu Santo da vida, sostiene y renueva la Iglesia, la comunidad se abre a su acción, solicitándole el don de su santificación, a fin de que fortalecida en la celebración se llene de fervor y espíritu evangelizador. Los tiempos y circunstancias exigen de los bautizados y confirmados en el mismo Espíritu testimonio convincente, audacia en la evangelización, creatividad en las comunidades y movimientos apostólicos, como nuevos modos en la trasmisión de la fe, a la actual generación. El Espíritu está siempre actuando, fortalece y colma de gracia para afrontar en comunidad los retos del tiempo presente, procurando la adhesión a Cristo resucitado, que convoca a tener en Él vida plena. 


    
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