Lunes 21 de Noviembre, 2022

Jesucristo, Rey del universo

 


En su columna dominical, el Arzobispo René Rebolledo explica que resulta "meridianamente claro que Jesús no entiende su reinado como un privilegio, de ningún orden".

En este tercer domingo de noviembre celebra la comunidad el 34° del Tiempo Ordinario, solemnidad de nuestro Señor Jesucristo, Rey del universo. Tengamos presente que con este domingo se concluye el año litúrgico, el cual iniciamos con las primeras vísperas del tiempo de Adviento, el 27 de noviembre de 2021 y el domingo 28 el 1° de Adviento. En este domingo en la arquidiócesis tenemos presente a la Iglesia que sufre persecución a causa de la fe, en el Día de Oración por la Iglesia perseguida. Lo más importante es ofrecer la oración por estos hermanos, a fin de que perseveren en medio de tantas dificultades, discriminación y sufrimientos, arriesgando su vida. En efecto, son miles los que han dado su vida en testimonio de la fe, profesando a Cristo Rey y Salvador. Acostumbramos realizar una colecta en las parroquias, comunidades y otras instancias eclesiales, con la finalidad de ayudar a quienes sufren tales persecuciones. Invito a todos a ser generosos en esta iniciativa, dando gracias porque en nuestro medio podemos libremente vivir la fe, seguir a Jesucristo, manifestarle nuestro amor, celebrarlo y también anunciarlo. Sentir dolor porque miles de hermanas y hermanos no cuentan con la libertad requerida para profesar la fe. Después de la oración, el humilde aporte material, puede ser para ellos motivo de consuelo.

En los actos litúrgicos de este día se proclama el evangelio de Lucas 22, 14-20, la Cena del Señor con los apóstoles. El evangelista Lucas anota cuidadosamente un particular importante: “Cuando llegó la hora, se puso a la mesa con los apóstoles” (v. 14). Es la hora por excelencia de su fidelidad, al concretar hasta el final en su vida el proyecto de Dios su Padre: poner en sus manos su propia vida. De este modo, entregando su vida, alcanza la plenitud de su humanidad. Es también la hora en que encomienda a los discípulos el gran anhelo, que prosigan su obra de amor. Declara luego el Señor su ánimo para concretar su entrega: “Cuánto he deseado comer con ustedes esta Pascua antes de mi pasión” (v. 15). Estas palabras revelan el espíritu, fervor, anhelo e intimidad con que el Señor entrega su Cuerpo y Sangre.

“Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes… Ésta es la copa de la nueva alianza, sellada con mi Sangre, que se derrama por ustedes” (vv. 19-20). Es la vida del Señor puesta para siempre bajo el signo del amor, la comunión y solidaridad con los hombres, en todos los tiempos y lugares. Él pone su admirable humanidad a los pies del Padre, como ofrenda sublime por nosotros y nuestra salvación (cfr. Credo).       

La celebración de este domingo, es una oportunidad propicia para contemplar a Cristo, constituido por su Padre como Rey y Señor de la historia. Le manifestamos honda gratitud sobre todo por su ejemplo en el servicio hasta la cruz, su fidelidad al Padre y a los suyos. Él actúa para nosotros, hoy, aquí cuanto ha prometido y asegurado. Queda meridianamente claro que Jesús no entiende su reinado como un privilegio, de ningún orden, sino como maravillosamente lo expresa el prefacio: “reino eterno y universal, reino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz”. Nos conceda Cristo Rey, contribuir corresponsablemente a la edificación de este Reino. 


    
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