René Rebolledo: “Debemos abrir espacios a la corresponsabilidad”

El arzobispo de La Serena y presidente de la Conferencia Episcopal de Chile señala a Vida Nueva desafíos desde el país y desde la misma Iglesia

René Rebolledo: “Debemos abrir espacios a la corresponsabilidad”

En abril pasado los obispos chilenos lo eligieron presidente. Desde 2014 es el arzobispo de La Serena, a 480 kilómetros al norte de Santiago. René Rebolledo nació en la Región de La Araucanía, en 1958. Ingresó al Seminario “San Fidel” en la diócesis de Villarrica y fue ordenado sacerdote en 1984. Se doctoró en Teología. Fue párroco, rector del Seminario “San Fidel” y vicario general de su diócesis. En 2004 fue consagrado obispo y nombrado Obispo de Osorno hasta 2013 cuando es trasladado a La Serena.


Con Vida Nueva tuvo una cálida conversación en la que compartió su íntima mirada de la iglesia y del país.


Pregunta: ¿Cuál es el principal desafío para la iglesia que usted ve hoy en el país?


Respuesta: En la Conferencia Episcopal tenemos la tradición de dedicar, en cada asamblea plenaria, una sesión a mirar la realidad del país. En la última, nos acompañó el subsecretario del Interior, don Manuel Monsalve, quien nos dio una visión muy clara y profunda del país. Quedamos muy agradecidos.


La inmigración, un don

Coincidimos Gobierno y Episcopado, en el tremendo desafío de la inseguridad que ha recrudecido. El segundo, la migración. Cuando se vinculan estos dos temas aparecen situaciones injustas como es culpabilizar a los migrantes de la delincuencia. Hay muchos inmigrantes que son un valioso aporte al país y también en la iglesia. Tenemos que asumir la inmigración como un don, un enriquecimiento recíproco, un intercambio cultural, religioso, que nos está haciendo un bien enorme.


Nos desafía de igual modo el ayudar a recomponer relaciones, generar espacios de diálogo en la Iglesia y sociedad, porque Chile necesita reencontrarse por el bien común, la dignidad de todo ser humano, el recuperar una sana convivencia y contribuir a buscar soluciones a los problemas que afectan a las personas.


P.: Además, están las orientaciones pastorales…


R.: Si, claro. Abordamos estos desafíos con el marco que nos dan nuestras orientaciones pastorales, que son fruto del aporte de todo el Pueblo de Dios en Chile. Fueron hechas en una Asamblea a la que llegó el trabajo participativo de las comunidades de todo el país. Sería ilegítimo tomar otro camino. Se pueden resumir en el propósito de vivir nuestra misión profética en el Chile de hoy, teniendo a Jesucristo al centro de nuestro ser y quehacer.


El Señor Jesús nos envía a anunciar su Buena Nueva de amor y misericordia a la sociedad actual. El desafío no es menor, pues numerosas personas no le conocen, sea porque hay menos hermanas y hermanos que testimonien, o el alejamiento de la fe de otros tantos por diversos motivos, entre ellos la desconfianza.


P.: ¿Cómo es la relación con el Gobierno?


R.: Cuando asumió esta nueva directiva del Episcopado continuamos la tradición de saludar al Presidente de la República, don Gabriel Boric. En esa ocasión, le presentamos los temas que consideramos centrales en la vida del país. Tuvimos muy grata acogida y coincidimos con el presidente en varios aspectos. Expresé al Presidente que la Iglesia en Chile tiene una linda trayectoria de colaboración, de estar presente y eso es lo nuestro, lo que queremos hacer, colaborar y ayudar en lo que está en nuestras posibilidades.


P.: ¿Cuál es el principal desafío desde la misma iglesia?


R.: Abrir espacios a la corresponsabilidad, en este camino sinodal, abiertos a lo que nos diga la próxima sesión del Sínodo. Es importante potenciar la participación de laicos y laicas en todas aquellas cosas que son propias de ellos, y son la mayoría.


Un momento esperanzador

Sin dejar de ver las situaciones difíciles que provocan mucho dolor en mucha gente, como la inseguridad, la falta de trabajo estable y digno, percibo que este es un momento esperanzador. Afirmo esa esperanza en los laicos y las laicas, en sus comunidades. Creo que siempre se puede hacer más y mejor, pero no dudo que hoy día hay una vitalidad importante, en nuestro pueblo. Necesitamos profundizar y acentuar la formación, más profunda, respetuosa de las diversidades en nuestra iglesia. Cada uno en una iglesia sinodal, comunión, pone su vocación al servicio del Pueblo de Dios y desde ahí será sal para contagiar la sociedad.

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